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Mi Parashá – Génesis 17:27

Este versículo cierra el relato de la circuncisión, destacando que no solo Abraham e Ismael fueron circuncidados, sino también todos los hombres de su casa, tanto los nacidos en su hogar como aquellos comprados de entre extranjeros. Esto es significativo desde la perspectiva cabalística, ya que implica que el pacto con el Creador no se limita solo a la familia inmediata de Abraham, sino que se extiende a toda su comunidad. Este acto colectivo de circuncisión simboliza una unión espiritual que trasciende los lazos de sangre y engloba a todos los que se han unido a su hogar.

La inclusión de personas nacidas en la casa y compradas con dinero subraya la idea de que el pacto con el Creador no está restringido a un solo linaje, sino que es universal. En la cábala, el concepto de comunidad y unidad es fundamental. Este versículo nos enseña que, al igual que en la sefirá de Maljut (el reino), la unidad se extiende a todos los niveles, desde el individuo hasta la comunidad.

La palabra אַנְשֵׁי (anshei – “hombres”) tiene el siguiente valor gemátrico: א (Alef) = 1, נ (Nun) = 50, ש (Shin) = 300, י (Yod) = 10. El valor numérico de anshei es 361, que se reduce a 3 + 6 + 1 = 10. El número 10 simboliza las diez sefirot, que representan el flujo divino desde lo infinito hasta lo finito. Esto nos recuerda que el pacto de la circuncisión involucra la alineación con todas las sefirot y la manifestación de la energía divina en la vida cotidiana.

El hecho de que estos hombres, tanto nacidos como comprados, participen en el pacto, simboliza que todos tienen un papel espiritual que cumplir, independientemente de su origen. En la cábala, cada persona, sin importar sus circunstancias, puede ser elevada espiritualmente a través de su conexión con lo divino.

En nuestras propias vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre la inclusividad espiritual y cómo nuestras acciones no solo nos afectan a nosotros, sino también a aquellos que nos rodean. Así como Abraham extendió el pacto a todos los miembros de su hogar, nosotros también debemos buscar formas de incluir y elevar espiritualmente a las personas en nuestras comunidades y familias. El pacto con lo divino es un llamado a la unidad, al servicio mutuo y a la colectividad espiritual.

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