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Mi Kabbala – Kislev 25, 5786 – Lunes 15 de diciembre del 2025

¿Futuro?

El Texto de Textos nos revela en Genesis 2:2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Como Sus hijos nos reencontraremos con Él en el octavo día, lo que quiere decir que nuestro proceso terrenal termina con la llegada del séptimo día de este milenio, para que se de nuestro retorno a casa, en donde los salvados por nuestro Señor Jesucristo por fe alcanzaremos nuestro Shemini atzeret (שמיני עצרת), escenario en donde  nos preparamos para vivir a Su lado, en ese instante eterno que inicio con Su resurrección y que será la nuestra, lo que significa que nuestros actuales días no nos pueden distraer con sus alucinaciones de lo que debe ser el cumplimiento en nosotros de dicha trascendencia.

Nuestro Padre, El Eterno (נצחי) ha preparado para nuestro retorno como hijos pródigos todo un banquete celestial, por lo cual no hay mayor propósito en este mundo que entender que el primer día de la semana; cuando Él nos rescató de la muerte, se convierte a la vez en la invitación a no desfallecer, hasta reencontrarnos con la eternidad, la cual para nosotros será el octavo día; a Su lado, lo que nos llama a trabajar incansablemente en este plano terrenal para reintegrarnos a Él a través de esta Su obra, presente que poco tiene que ver con el futuro terrenal, sino con ese más allá celestial.

La octava letra del alfabeto hebreo: heth (ח), nos reitera que nuestras palabras deben ajustarse a la suya, vibrar, que transformará esa vieja forma de pensar que nos ata a esta generación pecaminosa, siendo necesario por ende el volver a nacer, asumiendo lo trascendente como misión, para no seguirnos distrayendo en propósitos mercantiles ilusorios que nos esclavizan a las limitaciones de lo finito, Él quiere que entremos en el ámbito de lo infinito para lo cual solo necesitamos esa fe que se traduce en amar a nuestros próximos como a nosotros mismos y lógicamente a nuestro Padre Celestial por sobre todo.

Aser (אָשֵׁר, felicidad), octavo hijo e Isacar (יששכר, Yissajar, recompensado), noveno de Jacob, nos recuerdan que nuestra meta se concreta al acercarnos más y más a Él siendo guiados por su Santo Espíritu, para que ese octavo día no sea el fin, alejándonos, pero de esa vieja existencia, para ir más allá de ella, al octavo día, el de las primicias, el de la eternidad. Lo que quiere decir que el Mesías debe renacer en nuestros corazones, siendo básico que entendamos que cómo hijos Pródigos, Él nos espera en casa, para vencer todas las limitaciones y así vivir a Su lado después del fin terrenal, ya en el ámbito de lo celestial.

Entender que no somos de este mundo y que Somos sus hijos, se traduce en que nos visionemos viviendo en ese octavo día, lo que significa el vivir más allá de la carne (בְּשַׂר, basar), más allá del mundo, más allá del yo exterior egocéntrico, más allá de lo viejo, en el más allá del ahora que disfrazamos de futuro, por lo cual ese debe ser nuestro único propósito, el sabernos Sus hijos y por ende el reconocer que Él sigue esperando que nos dejemos guiar por su Santo Espíritu y retornemos a Su lado, para vivir el octavo día de la creación con Él, recibiendo como recompensa la felicidad de sabernos suyos.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 6:5, Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”.

Oremos para comprender que el Creador nos esta esperando en el octavo día.

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