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Mi Kabbala – Tevet 4, 5786 – Miércoles 24 de diciembre del 2025

¿Propositivos?

El Texto de Textos nos revela en Levítico 2.13, “Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Creador; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal”.

Todo tiene una utilidad así no nos parezca, lo que nos insinúa que nosotros cumplimos con un propósito y que debemos ejecutar esas labores de forma responsable para la armonía de todo lo creado, así que desde esa lógica todo lo que acontece tiene un para qué dentro de ese plan divino, así con nuestros desconocimientos y especulaciones queramos desatender ello, quizá por ello términos como leviatán (לִוְיָתָן, liwyatan: enrollado o sal) deberían entenderse más bien como un mal augurio o sea un medio eficaz y engañoso de conservación no solo de alimentos sino de la misma vida.

No perdamos de vista que si la sal (melaj, מֶלַח) se vuelve insípida, pierde su esencia, sus propiedades y por ende ya no sirve para nada, lo que hace que al no ser útiles no estemos cumpliendo las finalidades de la Creación, de la misma manera que si la lámpara se oculta ya no ilumina y pierde su sentido, así que debemos ser fieles a lo que somos, útiles para cumplir con los propósitos para los cuales fuimos Creados, lo que se traduce en que como creyentes estamos llamados a transformar nuestras vidas y luego aportar a nuestros entornos con nuestro sano y sabio ejemplo para ser sal y luz, tal como nuestro Señor Jesucristo nos lo propuso buscando que fuéramos propositivos a Su obra.

Quizá por ello, más que presuponer lo malo de las cosas, deberíamos trabajar por ser útiles para que todo cambie, dedicando nuestras mejores horas a hallarle el sentido real a nuestras existencias, sabiéndonos partículas que se mueven articuladamente con todo, recreándonos para ello en esa otra realidad que nos llama a integrarnos a ese sistema dinámico universal al que pertenecemos, siendo nuestros dones instrumentos de servicio en donde cada movimiento voluntario acciona esa energía divina esencial que reconocemos como amor (מאוד, me’od) vehemente.

Reflexionar sobre el valor de cada molécula, de cada letra, de su luz, de la energía que nace del vibrar de Su palabra nos proyecta a buscar por ende, esa movilidad Superior, en donde nuestras palabras que accionan nuestro mundo se articulan a la suya a través de unos sanos y sabios propósitos de vida, lenguaje, que como el amor ,nos vincula para fluir con esas características y propiedades que como fragmentos de ese ser total (Ein Sof,אין סוף, Infinito), somos, lo cual nos llaman a unirnos a lo eterno (aín) y al yo (aní) que es la forma atemporal para intuir el cómo se manifiesta Su esencia en nuestras existencias.

Coré (קֹרַח) fue aquel levita que conspiro contra Moisés, enseñándonos desde la profundidad de esas palabras el sentido raizal de nuestro ser, del cual derivan nuestras mismas realidades, esas en las que nos recreamos y que tienen un propósito, así nosotros no se lo hallemos, uno, que nos incita a coexistir de una forma más equilibrada, armónica y consciente, ya que todo movimiento activa algo más que nuestras percepciones, dándole a nuestros sentidos la capacidad de capturar apartes de la información de lo creado en pro de interrelacionarnos con Él gracias a todo con lo que coexistimos.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 9:50, “Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros”.

Oremos para que con nuestras constantes palabras alabemos al Creador. 

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