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Mi Parashà – Génesis 18:19

Este versículo destaca el propósito de Abraham como transmisor de las enseñanzas divinas a sus descendientes, asegurando que guarden el “camino del Señor” (דֶּ֣רֶךְ יְהוָ֔ה, derech Adonai). En la Cábala, este concepto se relaciona con la sefirá de Jesed (misericordia), ya que Abraham representa el flujo de bondad y compasión que debe ser transmitido de generación en generación.

“Para que mande a sus hijos y a su casa” (yetzaveh et-banav ve-et-beito): Abraham es visto como un patriarca que tiene la responsabilidad de transmitir la sabiduría divina a sus descendientes. Este mandato no es solo para su propia familia, sino para todas las futuras generaciones. En la Cábala, esta transmisión de conocimiento es crucial para mantener el flujo de bendiciones espirituales a través de la descendencia.

“Guardarán el camino del Señor, haciendo justicia y juicio” (ve-shamru derech Adonai la’asot tzedaká u-mishpat): La combinación de tzedaká (justicia o caridad) y mishpat (juicio) es central en la Cábala. Tzedaká se asocia con la sefirá de Jesed (misericordia), mientras que mishpat está vinculado con Guevurá (juicio). El equilibrio entre ambas fuerzas es necesario para mantener la armonía en el mundo y, a nivel personal, para alinearse con el camino divino.

El valor gemátrico de “camino” (derech, 224) refleja la idea de un sendero que debe ser seguido de manera continua. En la Cábala, el número 200 está asociado con la expansión y el flujo de energía, lo que sugiere que el “camino del Señor” es un proceso continuo de crecimiento espiritual y alineación con lo divino.

El valor de “justicia” o “caridad” (tzedaká, 199) está cerca del número 200, lo que indica una conexión directa con la expansión de la misericordia y la bondad. Tzedaká no solo es un acto de dar, sino un canal a través del cual fluye la energía divina para equilibrar el mundo.

El valor de “juicio” (mishpat, 429) es significativamente más alto, lo que refleja la complejidad y el poder del juicio en el mundo espiritual. En la Cábala, el juicio está vinculado con la corrección y el equilibrio de las energías, asegurando que el mundo funcione de acuerdo con las leyes divinas.

Este versículo subraya la importancia del rol de Abraham como transmisor del conocimiento divino a sus descendientes. La gematría del versículo refuerza esta enseñanza, mostrando que el “camino” (derech) es un proceso de expansión espiritual, mientras que la “justicia” (tzedaká) y el “juicio” (mishpat) son fuerzas que deben equilibrarse para crear armonía tanto en el individuo como en la comunidad.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad de transmitir valores espirituales a las futuras generaciones y a mantener el equilibrio entre la misericordia y el juicio en nuestras propias vidas. Al seguir el “camino del Señor”, nos alineamos con el propósito divino y permitimos que las bendiciones fluyan hacia nosotros y nuestras descendencias.

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