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Mi Kabbala – Tevet 7, 5786 – Sábado 17 de diciembre del 2025

¿Formación?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 48:3, “lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad. Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas”.

La expresión: Tzel (צֵל, sombra) es un mandato que género la luz en pro de llenar la oscuridad con Sus fragmentos, esencia que conformó cuerpos celestiales, luz primaria que dio forma a  nuestro universo y posibilitó nuestra existencia terrenal, energía, que aun contiene apartes de esa oscuridad que debe llenarse gracias a nuestro reflejo, llevando así esa imagen del Creador a todos esos espacios generados por Su contracción, tarea de la cual debemos hacernos conscientes para ser útiles a Sus propósitos. 

Concepto de imagen (צֶלֶם, tzelem, forma), que nos habla de una figura, un símbolo, que gracias al vibrar de Su palabra, entendemos a través de unos signos lingüísticos como nuestro lenguaje, con el cual consolidamos una realidad imaginaria que debe armonizarse proporcionalmente a la suya, logrando con la movilidad de las partículas que nos forman darle movimiento a un mundo, intercambios de información, que nos invitan a hacernos parte de Su imagen, de su luz Creadora generando en esa unicidad con Él, el complemento perfecto para nuestras coexistencias, amoldándonos así a Su esencia.

Al ser a imagen y semejanza (דְּמוּת, demútdebemos encontrarle un nuevo significado a todo aquello que antes apreciábamos como deformado, debido no solo a las palabras sesgadas con que interpretamos nuestras vidas, sino a la oscuridad en la que cohabitamos. Formación que debe ser guiada por el Espíritu Santo, quien a través de la oración nos posibilita articularnos a la energía divina y con sus destellos poder darle a nuestra estática material otro tipo de imaginarios, unos que iluminen esa nuestra oscuridad. 

Se trata de dar forma (Bará, בָּרָא) de articular nuestra interrelaciones a la armonía divina, movimiento de Su energía que nos llama a integrarnos a Él, alejándonos de esos conceptos pecaminosos que como alucinaciones mentales nos deforman, razón de peso para que Él mismo nos rescatara desde este espacio terrenal con apartes de esa Palabra Creadora, la cual trasforma nuestras relaciones, costumbres y creencias, logrando que dejemos de percibirnos separados de Su luz, moldeándonos así para que nuestra desinformación e imaginarios, se ajusten a Él: haciéndonos a su imagen y semejanza.

Giezi (גֵּיחֲזִי) como siervo de Eliseo, nos denota el cómo necesitamos de esa visión celestial para apreciarnos más allá de fragmentos dinámicos en los que nos percibimos envueltos, producto de nuestras alucinaciones, al no comprender nuestras existencias desde esas otras perspectivas, por lo cual seguimos reiterándonos en el reflejo de un mundo exterior de esquemas cuasi estáticos, sin forma, que por ser solo reproducciones imaginarias de nuestros egocéntricos engaños mentales nos distraen de lo verdadero, ya que nada existe fijo dentro de ese gran vacío, en donde nuestra propia existencia implica que todo se mueve a través de Él, lo que se traduce en direccionar nuestras formas hacia Él.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 12:37, “bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”.

Oremos para que cada acción tenga una reacción espiritual.

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