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Mi Parashá – Génesis 18:22

Este versículo es clave para entender la intercesión de Abraham ante Dios en nombre de Sodoma y Gomorra. En la Cábala, la imagen de Abraham “permaneciendo ante el Señor” se asocia con la sefirá Jesed (misericordia), ya que Abraham, como representante de la misericordia divina, busca intervenir en el juicio que está a punto de ser emitido sobre las ciudades corruptas.

“Los hombres se dirigieron hacia Sodoma” (vayelchu Sedomah): Los “hombres” que se dirigen hacia Sodoma son ángeles que representan el juicio (Guevurá). Mientras ellos se encaminan para ejecutar el castigo, Abraham, quien personifica la misericordia, se queda atrás para dialogar con el Creador. Este contraste entre la partida de los ángeles y la permanencia de Abraham resalta la tensión entre el juicio y la misericordia, dos fuerzas que en la Cábala siempre deben estar en equilibrio.

“Abraham permanecía aún de pie ante el Señor” (ve-Avraham odenu omed lifnei Adonai): La postura de Abraham de “permanecer de pie” ante el Creador simboliza su rol como intercesor. En la Cábala, estar de pie es una posición que representa firmeza, persistencia y un canal directo de conexión con lo divino. Abraham no solo está en una posición física de permanecer frente al Creador, sino también en un estado espiritual de intercesión, intentando equilibrar la severidad del juicio con la compasión.

El valor de “permanecer de pie” (omed, 114) sugiere una conexión más elevada. El número 114 puede interpretarse como una afirmación de la posición espiritual de Abraham, quien está intercediendo con firmeza en nombre de Sodoma, tratando de elevarse por encima de la corrupción terrenal.

Este versículo pone de manifiesto la lucha espiritual entre el juicio y la misericordia. Los ángeles, que representan el juicio divino, se dirigen hacia Sodoma para ejecutar la condena, mientras que Abraham, quien representa la misericordia, se queda ante el Señor en un intento de interceder por las ciudades. Esta dinámica entre el juicio (Guevurá) y la misericordia (Jesed) es un tema central en la Cábala, donde ambas fuerzas deben equilibrarse para que el mundo funcione correctamente.

La gematría del versículo refuerza esta enseñanza. El valor de Sodoma (109) refleja su corrupción material, mientras que el valor de “permanecer de pie” (114) muestra la posición firme y espiritual de Abraham al interceder por la ciudad. El valor del nombre de Dios (26) representa la misericordia divina, subrayando que incluso en momentos de juicio, la compasión siempre está disponible a través de la conexión con lo divino.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia capacidad de interceder en situaciones de juicio y conflicto, recordándonos que, como Abraham, podemos ser canales de misericordia y compasión. Al permanecer firmes ante lo divino, podemos equilibrar las fuerzas del juicio y la misericordia en nuestras propias vidas y en nuestras comunidades.

El Talmud y los sabios clásicos (como Rashi) dicen que estos tres “hombres” eran en realidad ángeles, y que cada uno tenía una misión: Mijael (Miguel) – para anunciar el nacimiento de Isaac. Rafael – para sanar a Abraham (después de su circuncisión) y salvar a Lot. Gabriel – para destruir Sodoma y Gomorra. En esta tradición, cada ángel tiene una sola misión específica, y por eso fueron tres.

Los tres ángeles como manifestaciones de las Sefirot

Cada ángel representa una Sefirá (atributo divino):

Mijael, tiene como misión anunciar la vida y representa la Sefirà Jèsed misericordia.

Rafael tiene como misión la sanación y salvación y representa la sefirà Tifèret, de equilibrio y belleza que para los creyentes es nuestro salvador Jesucristo.

Y Gabriel tiene como misión el juicio y la destrucción y representa la sefirà Gevurà que representa el rigor y la justicia.

Así, el encuentro de Abraham no es sólo con tres seres celestiales, sino con la presencia activa de la Divinidad a través de sus atributos.

Según la Kabalá (especialmente en el Zóhar, parte de la Kabalá clásica), el primero que habla con Abraham y es el más prominente representa la manifestación divina misma. No es simplemente un ángel, sino una teofanía: una aparición del aspecto más accesible de Dios. Este primer “hombre” habla como Dios, dice cosas como “Yo regresaré el próximo año y Sara tendrá un hijo”. La Kabalá lo identifica con la Sefirá de Tiféret, que actúa como el canal equilibrado entre la misericordia y el juicio. Es, por así decirlo, el rostro de Dios que se manifiesta en el mundo. En otras palabras, ese “ángel” no era un mensajero cualquiera, sino una manifestación directa del Creador, aunque velada.

El Zóhar y otros textos kabalísticos enseñan que Abraham representa el alma que está completamente abierta a la presencia divina, por eso puede reconocer a los mensajeros celestiales y tratarlos con hospitalidad.

La tienda de Abraham es un símbolo del corazón abierto, de la conciencia despierta.

Los tres visitantes son reflejo de las fuerzas cósmicas en acción: creación (vida), curación (equilibrio), destrucción (transformación).

La presencia divina está en el encuentro mismo, no sólo en uno de ellos.

Desde la mirada kabalística, este relato no es sólo histórico, sino una enseñanza para el alma: Los tres “ángeles” están presentes en nuestra vida diaria: En cada oportunidad de crear algo nuevo, En cada momento de sanación o reconciliación, Y en cada crisis que parece destructiva, pero que puede purificar.

El Creador se manifiesta cuando hay apertura espiritual, humildad, y hospitalidad del corazón, como la que mostró Abraham. Si vivimos como Abraham —receptivos, compasivos, atentos— podemos reconocer las visitas del “ángel” en nuestras propias experiencias: en una persona que nos cruza el camino, en una intuición que nos guía, o incluso en una crisis que nos transforma.

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