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Mi Kabbala – Tevet 11, 5786 – Miercoles 31 de diciembre del 2025

¿Silencio?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 11:7, “Vamos, bajemos y allí confundamos su lengua, para que nadie entienda el lenguaje del otro”.

Se nos llama a escuchar (Selah, סֶ֫לָה), a detenernos a diario a trabajar en esa labor de atenderle, a aprender lo que realmente significa el buen uso de nuestro lenguaje, utilizando incluso cada pausa de silencio para aprender de esa prudencia, herramienta indispensable para escucharle más, en vez de dejar que nuestra lengua de forma inconsciente exprese pensamientos que quizá debía digerir y hasta evacuar de otra forma. No es gratuito que en la misma Biblia se denote ese poder de la Palabra para explicarnos el cómo al mal usar esta, seguimos tan o más confundidos que los de Babel, razón de peso para que por lo menos nos propongamos bendecir más.  

El concepto babel (בבל) proviene de la misma raíz balal (בלל), que significa confundido, perspectiva que continúa aflorando en nuestros días, producto de un lenguaje que no solo nos aísla hasta de nosotros mismos, nos divide, sino que a la vez nos reproduce confusiones, fronteras y muros inconscientes, los cuales históricamente nos han llevado a percibirnos aparte, cuando realmente somos parte integral de un mismo Creador, siendo necesario por ello, que le escuchemos mucho más.

Callar (חָשָׁה, kjashá) como tarea diaria, implica el volver a atender la Palabra del Creador y someternos obedientemente a sus mandatos y preceptos, con el ideal de retornar a este estadio idílico en donde nos sabemos uno con Él: escuchándole más, en vez de vociferar quejas y reclamos, cuando la misión es agradecerle, lógica, que hará que hasta nuestros ayunos nos conduzcan a asimilar sus revelaciones con claridad, minimizando así nuestros deseos egocéntricos al retroalimentarnos del Árbol de la Vida, ese que escenifica a nuestro Señor Jesucristo como Salvador y Rey, proceso que también desatendemos al no predicar con nuestro ejemplo Su idioma universal: el del amor.

Silencio (שקט, shéket) que nos llama a buscar hablar ese Su mismo idioma: hebreo original, del que solo sospechamos sus significados, fruto de estar tan alejados de Él, al seguirnos alimentado egocéntricamente de los frutos del árbol conocimiento del bien y el mal, desconociendo así Su voluntad, la misma que se expresa a través de Su palabra, por lo que obviando esa famosa torre rasca cielos que desde aquel entonces queremos consolidar, intentémonos comunicarnos mejor, gracias al fluir del Espíritu Santo usando incluso una simple oración en pro de entenderle, atenderle y de esa forma alabarle.  

Elias (אֵלִיָּהו, ēliyahū) como profeta, que escuchó a nuestro Creador, una vez guardo silencio, nos llama a enfatizar en esa perspectiva de buscar de Sus manifestaciones a través de las cuales podemos no solo estar prestos a alabarle más, sino además a elevar nuestra propia conciencia al respecto de todos esos aspectos que haciendo parte de nuestras cotidianidades no deben seguir adheridos a nosotros, ya que nos impiden no solo asimilar la Luz del Creador permaneciendo en la oscuridad de nuestras ignorancias, sino a la vez, alejándonos de esos otros, próximos, de quienes necesitamos no solo para que nuestra llama interna no se apague, sino para iluminar todo lo que nos rodea.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:6, “Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua”.

Oremos para poder entender, atender y vivir conforme a Su lenguaje universal.

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