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Mi Kabbala – Tevet 28, 5786 – Sábado 17 de enero del 2026

¿Promesas?

El Texto de Textos nos revela en Joel 2:31, “y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado”.

El concepto de Olám (עוֹלָם) al hacer referencia a la eternidad, nos reitera que este mundo va mucho mas allá de una experiencia terrenal, así que como creyentes pese a nuestras costumbres paganizadas, debemos proyectarnos más que en el futuro incierto mercantil, en esa trascendencia, idea que nos propone reconsiderar incluso nuestros planes y metas mundanas otorgándole al presente: eterno, unas nuevas motivaciones, gracias a vislumbrar en ese aquí y en ese ahora, otro tipo de realidades, más celestiales, siendo dentro de ellas el amor nuestra principal búsqueda gracias a esa perspectiva divina.

Volver al Pardés (jardín del Edén, גינה, o huerto), es quizá la mejor meta que nos podemos fijar a diario, lo que implica que nuestros propósitos deben llevarnos a amar más, siendo ese nuestro mayor anhelo permitiéndonos el retornar a Su lado, obviando así todas esas creencias romanas mundanas, que nos llevaron a invocar todo tipo de deidades para alcanzar proyectos materiales, que intentamos consolidar como creyentes, distrayéndonos de los propósitos trascendentes que solo les podemos construir bajo esos otros criterios espirituales, gracias a enfocarnos en verdaderas transformaciones interiores.

Las promesas (La´arov, לַעֲרֹב) del Creador están allí para garantizarnos que esa predestinación para retornar, solo se logra si esos sueños terrenales que visionamos como ideales se articulan a esa búsqueda de trascendencia celestial, la cual no desdice de nuestros diarios planes, pero si necesita nos enfoquemos menos en esos deseos materiales y más en intenciones que nos lleven a adorar y alabar al Creador y no, a ese sin número de alucinaciones que como el dinero, nos aíslan de nuestra esencia y por ende de esa orientación que implica anhelar volver a nuestro Edén.

Nuestros días están contados dentro de un tiempo terrenal (עֵת, eth) que siendo ilusorio nos ciega de la eternidad, lo que quiere decir que nuestros instantes, semanas, meses o años que trascurren mentalmente, deben llevarnos hacia esa meta trascendente, la cual debemos consolidar a través de nuestros pequeños actos y lógicamente gracias a continuas vivencias conscientes que le den un verdadero sentido a nuestras cotidianidades, para que al final de este proceso terrenal estemos integrados al Creador a través de Su obra.

Ismael (יִשְׁמָעֵאל‎, Yišhmāʻēl) nos recuerda que el Creador nos escucha y que aunque nos parece que la Creación nos presenta dos caras, en donde una tiene que ver con aprender a amar desde lo espiritual y la otra desde lo material, nuestra trascendencia se encuentra en trasegar en dicha armonía, fijando nuestros desafíos en esa promesa que como pacto nos lleva a obedecerle en pro de sabernos a Su lado, de lo contrario desperdiciamos cada instante que Él nos brinda y que contiene esa oportunidad para dejarnos guiar por Su Santo Espíritu y Palabra, a través del único camino que existe de retorno: la fe.   

El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:32, “a este Jesús resucitó el Creador, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra del Creador, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”.

Oremos para que podamos cumplir con tantas promesas sueltas.

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