
Mi Kabbala – Shevat 10, 5786 – Miércoles 28 de enero del 2026
¿Literalidad?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 34:5, “Y el Creador descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre del Creador”.
La Gematría nos habla de puntos, líneas, planos, signos, letras, números e incluso de sumas, para con toda esa simbología describirnos un mundo que con sus dimensiones nos proyecta diversas realidades, unas, que debemos aprender a combinar al darle a nuestro lenguaje nuevos significados que deben partir siempre del tetragramatron: YHVH, nombre del Creador quien hace vibrar con Su palabra estos 22 signos que como diez puntos le dan la forma básica a una creación que se mueve por Su voluntad. Contracción y expansión en la que podemos recrearnos al darle movilidad (מוּשׁ, mush) a nuestros signos lingüísticos.
Cada palabra parida desde el alfabeto original Hebreo, genera chispas de luz que se irradian en nuestro pequeño universo mental, reproduciendo a partir de la combinación de esos signos (HaVaYaH, yód י, he, ה, waw ו y he ה), la posibilidad de sabernos parte de Su obra, interactuando con ella gracias a dicho lenguaje, narración, que nos permite identificarnos con esos imaginarios, reconociéndonos como parte de la vida, la misma que desde nuestro corazón (Lev), bombea producto de esos puntos divinos convertido en signos, propuesta audiovisual que se transforma en imaginarios que moldean nuestras percepciones y mentes fomentando nuestra realidad abstracta.
Quienes estudian estos treinta y dos canales semióticos nos hablan de denominaciones con las cuales incluso llamamos a partes, como nuestro corazón (לֵב, lev) dándole a cada signo lingüístico además, la posibilidad de articularse linealmente con dichas proyecciones que convertimos en formas: imaginarios, que le dan o no un sentido a la vida, pero a la vez una movilidad a cada partícula o molécula que en esencia contiene cada punto de luz, logrando que desde el plano o dimensión material se configure lo proyectado semánticamente. Abstracciones, que con sus delimitaciones no logramos explicar, más si interpretar sesgadamente fruto de nuestra lejanía con el lenguaje Divino al Creador.
Cada uno de esos destellos semióticos destila esa Su Luz reflejo del vibrar de Su Palabra, la que vamos reconociendo lentamente como fuente de vida y por ende, referencia e influencia para nuestras interacciones e interrelaciones, siendo para ello necesario que el Espíritu Santo y Su Halito de Vida, tome nuestro recipiente corporal y vaya quitando el velo mental que nos genera la oscuridad del pecado, que hoy cubre nuestra alma, por lo cual no logramos percibir ese todo, requiriendo de una especie de puente o transformador para que así esa Luz nos guie y no sigamos negándonos a dichos cambios (Hapak, הָפךְ).
Nuestro diario trabajo requiere para retornar a Su lado, que esas nuestras palabras sean de bendición y que lentamente ese lenguaje agreste logre hacernos conscientes de nuestras inconciencias, iluminando nuestras coexistencias para que solo deseemos (ratzah, רָצָה) acercarnos a Él, alejándonos de nuestros pecados gracias a esos nuevos conocimientos, los mismos que hoy nos distraen con lo mundano, desenfocándonos de las manifestaciones del Creador, las cuales nos llevan a tener una mayor interacción con Él.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 13:8, “y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. 9 Si alguno tiene oído, oiga”.
Oremos para que aprendamos a percibir otras dimensiones de vida.



