
Mi Kabbala – Shevat 11, 5786 – Jueves 29 de enero del 2026.
¿Alabamos?
El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 7:2, “¡Qué grande eres, Señor omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Creador”.
Alabar al Creador (להלל, lehalel) es una de las formas más dicientes para mantenernos cerca a Él, propuesta para denotarle además nuestra inmensa gratitud, esa que sentimos hacia Él como fruto de entender que nos regaló la vida y gracias a ello tenemos el placer de degustar de toda Su obra, para lo cual dispuso el poder recrearnos en Su palabra, denotándonos por ende que Él se satisface con nuestras vivencias, para lo cual nos permite que a través de esta a cada momento nos recreemos en ella, degustemos sus frutos y todo lo mejor que brota de esta creación para nuestros seres.
Desde esa lectura hay quienes ven en esos destellos de sabiduría, la invitación a unirnos como cuerpo, mente y alma que se funden, lo que da lugar a nuestra humanidad, accionar que hace que igualmente hombre y mujer se unan en una de las fuerzas más poderosas del universo: el amor. Bajo esa perspectiva el mes de Shevat (Shvat, שְׁבָט) once a partir del Nisan del pueblo Judío, es un tiempo que da la posibilidad de recoger (balde), ello debido a que en la tierra de Israel al comenzar este mes, ya ha llovido lo suficiente para que todos los pozos y manantiales estén a punto de desbordar.
Fuentes de Amor que representan según la gematría al once (aẖet ‘eshereh – אחת עשרה), signo que sirve de llamado para que hagamos una introspección, que parte de nuestra intuición, espiritualidad, que nos incita a iluminar nuestros seres con Su haz de Luz, convirtiendo ello en una tarea constante, que implica alabarle y a agradecerle por todo lo que nos revela a diario, entendiendo que se lo debemos todo y que sin Él nuestras existencias no tienen ningún sentido, razón de peso para que nuestro mayor deseo sea al de integrarnos nuevamente a Él.
Perspectiva que nos insinúa además la importancia de hacer de nuestras alabanzas cánticos y adoraciones más que ritos, espacios para valorar todo lo que nos da a través de la vida, asimilando Sus propósitos, colocando nuestros dones a Su servicio, para que así en nuestros entornos podamos al unísono entonar cantos: Iehudím (lehudí, יְהוּדִי) de agradecimiento al Creador por salvarnos, lo que como creyentes nos llama a vislumbrar en cada instante ese; Bishvat o el Rosh Hashana de los árboles, o sea la posibilidad de descubrir al Creador a través de todo lo que nos rodea.
Todo momento es oportuno para nuestra alabanza y para agradecerle a través de nuestras oraciones por los frutos diarios que nos otorga, esos que nos reiteran la necesidad de la lectura permanente de la Torá para deleitarnos con Su aroma, enalteciendo nuestros seres e iluminando nuestras conciencias, provocando buenas acciones, postura que implica que en cada interacción mantengamos esa buena relación con nuestros prójimos, de allí la importancia de perpetuar estas costumbres de ser guiados por Él para que su savia nos eleve cual árboles, razón de peso para que Ezequiel (יְחֶזְקֵאל) nos recuerde que en medio de una guerra contra otro pueblo, no se deben destruir los árboles frutales de dicha región.
El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 9:7, “cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque el Creador ama al que da con alegría”.
Oremos para alabar con nuestras permanentes acciones al Creador.



