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Mi Kabbala – Shevat 16, 5786 – Martes 3 de febrero del 2026.

¿Entendemos?

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 29:11, “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.

La Biblia (תּוֹרָה, Torah) como Manual de vida contiene las lecciones necesarias para no perdernos en medio de un mundo egocéntrico que disfrazado de racional nos marca un rumbo pecaminoso, el cual opaca nuestro inconsciente, llenando nuestro entendimiento de distracciones, siendo necesario que recabemos en cada letra o signo de ella para extraer esos aportes lumínicos que le darán a nuestras distorsionadas interpretaciones la suficiente claridad como para atender sus mensajes de esperanza.  

Entre más leemos y profundizamos en las enseñanzas que nos ofrece la Biblia más comprendemos lo gratificante que es el ser guiados por sus preceptos y aunque de sus versículos podemos quedarnos con diversas interpretaciones sesgadas por nuestras creencias amañadas fruto de nuestro lenguaje limitado y finito, es claro que Él al reconocernos como hijos, nos permite gracias a la guía del Espíritu Santo que vayamos iluminando nuestras mentes (בִּין, bin) para ir proyectando todo lo nuevo que requerimos para no perdernos en nuestras ignorancias y especulaciones milenarias.   

Cada punto, signo, letra, número, concepto, fecha o lugar pero sobre todo nombre contienen la información necesaria para revelarnos esos mensajes, antes ocultos, que nos van revelando a través de cada una de las historias y personajes, gracias a nuestras propias vivencias, esas pautas de pensamiento y comportamiento que debemos tener en cuenta para que como dichos patriarcas Isaac o Moisés u otros, menos conocidos como Amiel (Ammî’êl  עַמִּיאֵל: pueblo del Creador), aceptemos el obedecerle y vivir conforme a sus propósitos esos que son guiados por Su misericordioso amor.

Nos cuesta comprender esa otredad trascendente que, aunque reconocemos como señales (oth, אוֹת) del mismo Creador, interpretamos como misterios, que solo nos invitan a atenderle ya que estamos distraídos en nuestras búsquedas inconscientes mercantiles, prefiriendo enfocarnos en todo aquello que contradictoriamente nos aleja más y más de Él, no es gratuito que incluso los mismos discípulos cuando se encontraron a nuestro Señor Jesucristo resucitado, no le reconociesen, ya que no entendían el por qué y para qué de su muerte en la cruz, como tampoco el mensaje de salvación que se encuentra en cada línea de Su palabra, la misma que distorsionamos con nuestras sesgadas visiones mundanas.

Manifestaciones que nos obligan a releer los textos Bíblicos y a guardar esos mensajes en nuestros corazones, como enseñanzas (לָמַד, lamád) trascendentales, que nos aportan para nuestra transformación y posterior reencuentro con el Creador sea conforme a Su voluntad o de lo contrario, por más que queramos racionalmente comprender lo que se nos esta insinuando, no lo lograremos. Desde dicha perspectiva no solo se trata de estudiar el Texto de Textos; de orar, sino de dejar que sea el Espíritu Santo quien nos aporte, iluminando nuestro entendimiento para que atendamos lo que allí se nos propone.

El Texto de Textos nos revela en Juan 11:25, “Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Oremos para que el mismo Espíritu Santo nos guie iluminando nuestra conciencia. 

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