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Mi Parashà – Génesis 19:25

Este versículo describe la completa destrucción de Sodoma y Gomorra, una purga total que incluyó no solo las ciudades y sus habitantes, sino también la vegetación y la tierra misma. Desde la perspectiva cabalística, esta destrucción no es solo física, sino también espiritual. La tierra y la vegetación representan la vitalidad y el sustento, y su destrucción sugiere una ruptura total con la fuente de vida divina debido a la corrupción y el pecado extremo de sus habitantes.

En el análisis gemátrico, la palabra הֶעָרִים (he’arim), que significa “las ciudades”, tiene un valor numérico de 326. Este número se asocia con el juicio y la separación entre lo profano y lo sagrado. Nos recuerda que la corrupción espiritual de esas ciudades llegó a un punto de no retorno, lo que llevó a su destrucción completa. La destrucción es una forma de “limpieza” para que pueda haber un nuevo comienzo.

La palabra הָפְכּוּ (vayahafokh), que significa “destruyó” o “volteó”, tiene un valor gemátrico de 211. Este número está asociado en la cábala con la transformación y el cambio radical. Aunque el término sugiere destrucción, también señala un cambio profundo que puede conducir a un nuevo estado de ser, a través de la eliminación de lo negativo y el resurgimiento de lo positivo.

Este versículo es la culminación del juicio divino sobre las ciudades corruptas de Sodoma y Gomorra. Aquí se subraya el principio cabalístico de que todo lo que está fuera de alineación con la luz divina debe ser purificado para restaurar el equilibrio en el mundo. No solo fueron destruidas las personas corruptas, sino que todo el entorno, incluida la tierra, fue afectado. Esto nos enseña que cuando un colectivo se corrompe espiritualmente, las repercusiones son universales y afectan a toda la creación.

En la Cábala, este proceso de purificación es necesario para restaurar el orden cósmico. Las fuerzas negativas que habitan en un lugar pueden llegar a contaminar todo, y la única forma de restablecer el equilibrio es mediante la eliminación de estas fuerzas destructivas.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones en nuestro entorno. Las ciudades de Sodoma y Gomorra representan la corrupción colectiva y el alejamiento de lo divino, lo que tuvo consecuencias catastróficas no solo para las personas, sino para toda la creación. Nos enseña que nuestras acciones, cuando se alinean con lo divino o se apartan de ello, no solo afectan nuestras vidas personales, sino también el entorno que nos rodea.

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