
Mi Kabbala – Shevat 17, 5786 – Miércoles 4 de enero del 2026.
¿Desobediencias?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 3:5, “y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble”.
Una de las cosas que tal vez más nos cuesta como seres humanos es obedecer (shama’ שָׁמַע) y quizá por ello, nos ocupamos a diario de imponer nuestros criterios, en vez de exponer argumentos, lo que a su vez deriva en visiones agrestes como la severidad, rigurosidad, lo áspero, lo duro, lo rígido y por ende: la violencia, probablemente tras esas equivocaciones actitudinales milenarias es que seguimos alineándonos con los extremos, concibiendo incluso a nuestro amoroso Padre Celestial como un ser justiciero, obviando que ante todo Él es un Padre Misericordioso que nos guía.
Hay límites y normas, claro, pero no nos afectarían si obedeciéramos, quizá por ello la quinta Sefirot del Árbol de la Vida, como segundo atributo emotivo, denominada Geburáh (גבורה,Gevurá o Severidad), nos llama al cumplimiento de esos mandatos, recordándonos a la vez estos, como expresión de amor del Creador. Tengamos en cuenta que cada letra de su Palabra como Ley, refleja más que esa rigurosidad, la forma armónica como Él permea toda nuestra realidad en la búsqueda que rectifiquemos nuestros rumbos, en pro que nuestras chispas lumínicas caídas, aprecien esos destellos y se rediman, elevándose para unirse a Él fruto de tomar estos senderos por el revelados.
El mapa completo nos muestra la severidad en el Árbol de la Vida, bajo Biná (entendimiento, בינה), al lado de Jesed (bondad, חסד) y sobre Hod (majestad הוד) como un diagrama para visionemos en esos senderos Su amor, ese que nos guía gracias a la Palabra que sale de la Boca del Creador: Luz, que nos genera la claridad mental para que nuestro leguaje nos de la posibilidad de interpretar nuestra realidad desde otras perspectivas, unas que tengan como derrotero las tablas del testimonio de los Diez Mandamientos, en donde Moises nos mostró que Su severidad solo aplica al desobediente.
Visión que asimilada a conceptos de fuerza, juicio, poder y hasta ocultamiento, nos invita más bien a acercarnos al Creador a través de la lectura de la Biblia, la oración y el acompañamiento del Espíritu Santo para que Él revele (chazoth, חֲזֹת) en nosotros sus misterios y así podamos ir más allá de los entornos oscuros en donde hoy nos encontramos. Se trata de comprender sus diarias manifestaciones aferrados a Su amor, a sus normas y así los efectos severos de la desobediencia no sean los que nos llenen de más miedos, sino que por el contrario, ese temor refleje nuestra confianza en Él.
Ese amor (Jesed) nos llama a vincularnos con Él a través de Su obra, sirviendo a los próximos como queremos se nos sirva, obviando sentimientos negativos, lógica que nos insinúa que ese temor reverencial que le debemos a Él como Padre, es una motivación diaria para obedecerle tal y como lo debemos hacer con nuestros progenitores terrenales, llenándonos siempre de gratitud (todah, תּוֹדָה) para con ellos, orientados por esos principios y valores que alinean nuestros pasos incluso para corregir las equivocaciones propias como de otros garantizando asi nuestro pleno bienestar y trascendencia.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:22, “Mira, pues, la bondad y la severidad del Creador; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado”.
Oremos para que la severidad divina sea entendida como un amor que nos corrige.



