
Mi Kabbala – Shevat 18, 5786 – Jueves 5 de febrero del 2026.
¿Llenos?
El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:10, “y sucedió que cuando los sacerdotes salieron del lugar santo, la nube llenó la casa del Creador”.
Se cree que el universo fue producto de una expansión, que se explica como una contracción de nuestro Creador: un Tsitsumim, restricción o disminución gradual de esa Su luz divina en un pequeño espacio, adaptando este a la capacidad de recepción para los seres creados (Avir, אוויר: relleno) por Él, posibilitándonos una coexistencia en medio de ese vacío, como ausencia de Su plenitud, energía que le da a esta especie de recipiente universal la posibilidad de transformar esta de llenarle voluntariamente, de allí nuestro deseo innato de complementarnos al retroalimentándonos de Su obra.
Teoría que a su vez nos lleva a comprender de alguna forma lo que reconocemos como nuestro vacío existencial, que aunque tiene bastantes e importantes explicaciones históricas desde diferentes ciencias y filosofías, no es más que nuestra ausencia consciente de Él y Su Luz, con todo lo que ello significa. La misma Biblia nos recuerda que estamos separados voluntariamente de Él, pero a la vez, que debemos reenfocar todos nuestros esfuerzos para acercarnos a sus manifestaciones y así ir llenando lentamente ese vacío interior al integrarnos a ese solo deseo divino, con el cual finiquitan esas intenciones egoístas que solo inflan equivocadamente nuestra vanidad (תֹּ֫הוּ, tóju).
Físicamente se reconoce ese vacío (hebel, הֶבֶל) asi no se dicha ciencia no logre entender el por qué, sin embargo nosotros debemos ver dicho aislamiento como el llamado a integrarnos a través de esta Su obra, enfocándonos menos en las luces artificiales que tanto nos distraen a través de los imaginarios que nos ofrece este mundo vacío con sus distorsiones para elevarnos hacia Su dimensión lumínica gracias a unos pensamientos que nos reconectan con nuestra esencia, dándole así a nuestro cuerpo la característica de templo en donde somos guiados por Su Santo Espíritu.
En términos simples ese universo vacío al que tanto hacemos referencia no es otra cosa que un llamado que tenemos inconscientemente para dejar de suponernos excluidos o separados de Él y atender las misteriosas manifestaciones que desde nuestro lenguaje limitado nos reiteran, que necesitamos reorientar esos fragmentos a través de los cuales nos reconocemos hasta integrarnos como hijos del Creador, logrando así que nuestras vivencias y experiencias e interrelaciones cotidianas, sean coherentes a dichos propósitos celestiales, hasta llenarnos (,מָלֵא malé) de esa Su Luz, gracias a Su palabra.
Devora (דְּבוֹרָה) como mujer trabajadora, nos llama a mantenernos pendientes de las manifestaciones del Creador en ese día a día, siendo útiles a Su obra con nuestros dones acercándonos así paulatinamente a nuestra propia esencia. No perdamos de vista que todo ascenso en lo que respecta a nuestro ser se debe iniciar con un descenso, el cual parte de nuestra interioridad, lo que quiere decir que humildemente debemos buscar esa esencia interior estrechamente conectada con ese universo de luz el mismo que nos permite llenarnos conscientemente con Él, único ser que espiritualmente puede llenar nuestras coexistencias, una vez voluntariamente accedemos a ello.
El Texto de Textos nos revela en Juan 14:1, “no se turbe vuestro corazón; creed en el Eterno, creed también en mí”.
Oremos para que cada oración nos llene de Él.



