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Mi Kabbala – Adar 22, 5786 – Miércoles 11 de marzo del 2026.

¿Algoritmos?

El Texto de Textos nos revela en Joel 3:14, “Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. 15 El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor”.

Un algoritmo es una secuencia de instrucciones a través de la cual se solucionan ciertos problemas aritméticos, por lo cual hay quienes aducen desde esa analogía que las letras hebreas originales, como signos, contienen gracias a un orden, todo un lenguaje lumínico simulado, que incluso coordina nuestros seres, dándole así una orientación a nuestras coexistencias, siendo esos símbolos, cual jeroglíficos, señales para guiarnos (qédem, קֶדֶם) por lo cual esas letras hebreas como: kaf,nos llaman es a comprender que somos como una especie de recipiente de esa luz, razón de peso para orar más logrando que la posición de nuestras manos se encorve hacia el cielo y nos permita retener mejor esa Luz.

La letra Kaf (כּכo ך o Caph), que según los fenicios dio origen a la letra kappa (Κκ) del alfabeto griego, con sus equivalentes en el alfabeto cirílico, nos reitera a los creyentes ese destello que nos refleja esa luz celestial, irradiada desde Su mano, fortaleciendo así nuestras pruebas (בָּחַן, bachan) o desafíos, llamado a asumir esos retos que nos propone la vida, revelaciones que gracias al Espíritu Santo nos ayudan a entender que al recibir sus bendiciones, tomamos de ese fuego divino, energía que de acuerdo a dichas letras como la iod, Yód o Yúd (י) se irradia en nuestro ser.  

Quienes suponen que en nuestras palmas está inscrito ello y mucho más, nos reiteran que a través de esas señales podemos palpar Sus manifestaciones, gracias a comprender que estamos prestos a vivir conforme a esos diez máximos preceptos del Creador, de los que nos hablan nuestras manos (יָד, yad), las mismas que debemos abrir para recibir, ya que con puños cerrados solo tenemos conflictos. Manos que nos llaman por ende a ayudar, a dar de esos nuestros dones y sus frutos, propósito que nos hace más conscientes de la necesidad de ser útiles al Creador a través de Su obra, colocando esas manos a Su servicio.

Estudiar a fondo la combinación de estas y otras letras originales hebreas nos permite entender que la palabra kabód (כָּבוֹד – gloria) nos simboliza esa primera acepción: “dar peso”, por lo que, según una exégesis tradicional, se puede interpretar que cuando glorificamos a nuestro Creador, estamos dándole prioridad a Él o sea, integrándonos a su Espíritu, permitiéndonos cohabitar con Él en ese lugar santo, interior, que de alguna manera cual templo nos conecta a través de nuestras oraciones con Su ser.

Chispas de luz que nos aportan esos símbolos o letras con las cuales construimos nuestro lenguaje. Palabras de las cuales se desprenden nuestros saberes, conocimientos, esos que nos llaman a construir y no a destruir (keilah, קְעִילָה – Queilah), invitación para que destruyamos nuestros egoísmos y toda esa amalgama de sentimientos adversos que nos impiden dar y nos propongamos por ende alabarle con nuestras manos y ser, recibiendo de Su amor para irradiar este en todos nuestros entornos, evitando confundirnos por algunas palabras y sus contrasentidos, sesgando así nuestras interpretaciones.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 4:18, “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor.”

Oremos para que nuestras confusas palabras sean ordenadas por Su palabra.

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