
Mi Kabbala – Nisán 26, 5786 – Lunes 13 de abril del 2026
El Texto de Textos nos revela en Génesis 25:1, “Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, 2 la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. 3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. 4 E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura. 5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac”.
La Biblia nos presenta nuestra historia a través de una genealogía y una cronología detallada, permitiéndonos entender mejor nuestra predestinación como hijos del Creador a través de esta Su obra, espacio de concreción de nuestro libre albedrio, y en donde aprendemos los efectos de desobedecerle. Genética que nos reitera la necesidad de ser guiados por Su Santo Espíritu para que todas esas deficiencias legadas por esos ancestros no sean las que se sigan reproduciendo y más bien optemos por el buen ejemplo de seres como Noé (נֹחַ, descanso) o Abraham, (Aba, אב ,אבה) padres de nuestra fe.
Desde Eva y luego Hagar (הָגָר) nuestra descendencia encuentra ese grave conflicto consanguíneo que se reproduce como impaciencia en Sara esposa de Abraham y que nos muestra una línea genealógica esclava de Egipto como Ismael (ישמעאל), rival de lapromesa de Jacob y que nos proyecta ese conflicto territorial por Canaán, siendo las doce tribus quienes aún intentan como: Nebaiot, luego Cedar, Adbeel, Mibsam, Duma, Massa, Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema (hijos de Abraham) apropiarse de territorios obviando que somos eternos, hermanos y tan solo mayordomos de la misma vida.
Todos somos hijos del Creador y procedamos directamente del linaje de Adam, asi algunos se vean solo desde Isaac y anhelen una promesa terrenal, cuando como Iglesia tenemos una filogenética en donde esos once hombres y dicha mujer, Dina (דינה, dayyanah, juicio) solo cumplen un rol de custodios de la palabra, proceso indispensable para que todos aprendamos a obedecerle como único Padre, alejándonos pero del pecado original que enmarca a buena parte de nuestras vivencias el cual contradictoriamente nos hace olvidar que debemos retornar voluntariamente a nuestro estado original; a Su lado.
Como creyentes o gentiles quizá hacemos parte del tercer grupo de seis hijos descendientes de Abrahán, con Cetura (קְטוּרָה, Qəṭūrā) luego del fallecimiento de Sara, más ello no es lo importante, ya que no se trata de razas o castas, ya que estas nos dividen, sino de entender que nuestro padre nos muestra en la misma Torá desde Noé con Jafet, así como los de Cus, hijo de Cam, de Aram hijo de Sem y de Joctán también hijo de Sem, que somos Sus hijos y que Él anhela que nos redimamos, para lo cual se humanó para rescatarnos y denotarnos que lo que más necesitamos es el amarnos.
Todo nos enseña que somos hermanos y coherederos del reino, pero sin embargo preferimos seguir prodigando odio y resentimiento, el mismo que ha desencadenado guerras y conflictos como nos lo enseña la Biblia, así que más allá de valorar o no esa consanguinidad directa, si debemos entender que hay una afinidad divina, que incluso nos une a quienes a través de la fe nos sabemos elegidos: hijos (בֵּן, ben), lo cual nos da cabida no solo dentro de esa cronología Bíblica, sino especialmente en el cielo a Su lado.
El Texto de Textos nos revela en Efesios 2:11, “por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisos por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.
Oremos para comportarnos como verdaderos hijos del Creador.



