
Mi Kabbala – Nisán 27, 5786 – Martes 14 de abril del 2026.
¿Holocaustos?
El Texto de Textos nos revela en Habacuc 1:30, “¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan”.
El ser humano producto del pecado ha vivido en medio de conflictos que se prolongan y magnifican desde que Caín mató a Abel. Agresiones, que han generado onduladas no solo en las colinas que separan la meseta montañosa israelí de la llanura costera filistea, sino en el mundo y sus habitantes. Caos que se irriga en nuestras permanentes confrontaciones, las mismas que son fruto de seguirnos alimentando del árbol prohibido: del conocimiento del bien y del mal y que hacen que sigamos en ese Valle de Elá (אֵלָה – “terebinto” cerca de Siquem), tal como a Jacob confrontándonos con una idolatría, que atendemos (אל), aun sin proponérnoslo y aun así, el mantiene Su fluir misericordioso.
Fuerza de gravedad que en esta dentro de nuestro ser, que fluye en nuestra sangre, pero que no avanza gracias a Su amor, el cual nos ayuda a superar esos conflictos que alimentan esa batalla interna que le da a lo exterior un sin sentido, que nos lleva a apegarnos a equivocadas creencias, cuando debemos es enfocarnos en el único Señor (Elohim, אֱלֹהִים), en ese amoroso Padre Celestial, que poco tiene que ver con esos numerosos dioses que idolatramos (elim, אֵילִם), perpetuándonos en nuestro desprecio hacia todo lo que Él significa, razón de peso para que como creyentes nos enfoquemos en alabarle, idolatrarle, agradecerle, integrándonos a Él a través de esta Su obra, aportando lo mejor de nosotros.
Somos Su pueblo y aunque tenemos que soportar un mundo en guerra que nos persigue no por eso podemos obviar que Él sigue esperando que obviemos todos esos recuerdos (Yom HaShoah, יום השואה) conflictivos y nos levantemos con esperanza, como creyentes, irradiando a diario ese Su amor, hasta que por fin dejemos de agredirnos y empecemos a comportarnos como hermanos, teniendo claro que los conflictos, especialmente los interiores, son tan solo llamados de atención de nuestra alma para que dejemos esos nuestros caminos ególatras.
Si atendemos el contexto de la palabra holocausto (shoah שואה), ella nos habla de algo completamente quemado, de una calamidad, lo que desde una perspectiva un poco más amplia nos indica la necesidad de elevar nuestra alma a nuestro Creador como incienso grato, y hacer que nuestras buenas obras y el servicio fraternal, sea el que aporte a este mundo, en vez de apartarnos, como históricamente lo hemos hecho. La idea es dejar de perpetuar esos errores genéticos, convirtiendo estos mas bien en nuestra mejor excusa para atender a un Creador que nos motiva a coexistir armónicamente.
Quienes consideran que en la creación los animales fueron hechos por Él casi que completos, mientras que el hombre y la tierra fueron creados en un estado básico y puro, con el propósito de lograr el desarrollo de nuestro libre albedrio a través de esos entornos, nos motivan a coordinar mejor este don hasta lograr que esa voluntad nos una y trabajemos así hasta alcanzar esa meta trascendente que implica avanzar hacia nuestro pleno potencial, siempre a Su lado y bajo Su guía, de lo contrario todas nuestras fortalezas descontroladas, solo generarán caos y nuevas batallas (מִלְחָמָה, milkjamá)
El Texto de Textos nos revela en Mateo 23:37, “!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!, Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
Oremos para que logremos nuestro perfeccionamiento.



