
Mi Kabbala – Iyar 20, 5786 – Jueves 7 de mayo del 2026.
¿Pescadores?
El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 47:9, “y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río”.
Al visualizar a nuestro Señor Jesucristo a través de la imagen de un pez, algunos creyentes quieren simbolizar la motivación para que superemos esos ambientes hostiles en que deambulamos a través de este contaminado mar mundano y busquemos sus principios, esos que nos conducen por las corrientes de la salvación, lógica que evoca también lo que esta oculto o sumergido en las profundidades, logrando a través de ese símbolo ver que todo puede germinar y multiplicarse gracias a esa semilla del amor de Él, el cual despierta nuestras perspectivas de esperanza (תִּקְוָה, ticvá), redención y resurrección.
Todo lo que nos rodea en la naturaleza nos habla de la importancia de esa armonía celestial, por lo que gracias a ella es que podemos lograr ese estadio que se requiere en donde lo aparentemente opuesto se complementa, lo que nos denota que el equilibrio (אֹ֫זֶן, ozém, oír), tiene diversas posiciones y opciones. Así es como, esa simbología del pez también hace alusión a algo o alguien que se levanta después de haber caído y vuelve la cabeza en dirección del rey, de la autoridad, con el fin de obtener todo se apoyo que solo se logra cuando le colocamos a Èl como nuestra prioridad.
Lecturas y simbologías que se pueden o no interpretar a través de las parábolas Bíblicas, y que en su todo nos hablan de ser discípulos y pescar hombres. Alegoría que desde dichas líneas nos llama además a través de esas cinco letras que forman la palabra griega, Ichthys, a que fortalezcamos nuestra fe en Él y asumamos esta como la razón de ser de nuestras coexistencias, llevando a todos los demás creyentes a adorarle: Iesous Christos Theou Yios Soter (Jesús Cristo hijo de Dios Salvador: יֵ֫שַׁע, yesha).
Todas nuestras visiones de vida deben apoyarse en esa simbología que desde la letra Nun (נ), nos permite vislumbraren la imagen de ese pez, un nuevo concepto en donde atendemos esa templanza como perspectiva cotidiana, la misma que le da a nuestras vidas una especie de fecundidad, que relacionada a la gran capacidad de reproducción de esta especie, frente al número de huevos que coloca, nos haga saber que somos mayordomos de todo y que debemos lograr que la vida fluya, purificándonos y lavándonos de ese pecado pasado para introducirnos a lo sagrado de la fe, donde todo cobra un nuevo sentido.
Jonas (איּוב) nos lleva a vislumbrar a través del imaginario dado por Nun, a ese pez que nos traga para atender la gracia divina, la belleza y sabiduría de Su palabra, comunicando está a través de nuestros diálogos, mejorando así la comprensión del mundo para asumir que este, poco tiene que ver con la actual visión mercantil, vislumbrando además en Nun y otros símbolos lingüísticos que nada está oculto o sumergido en profundidades, sino que debemos buscar esa intimidad con Él para preservar lo trascendente y celestial logrando reconfortarnos, sostenernos, reencontrarnos en esa armonía divina plagada de intercambios agradables, bajo el amparo de amistad y simpatía que nos ofrece Él.
El Texto de Textos nos revela en Juan 21:6, “Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces”.
Oremos para que como peces vivamos a diario en los ríos de agua viva de Jesucristo.



