
Mi Kabbala – Iyar 27, 5786 – Jueves 14 de mayo del 2026.
¿Adorar?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 40:1, “luego el Creador habló a Moisés, diciendo: 2 En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión; 3 y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo”.
Algunas creencias nos invitan a adorar (שָׁחָה, Shajah) y alabar (להלל, lehalel) al Creador en un tabernáculo: un templo, lo que no desdice que los creyentes lo hagamos desde nuestras oraciones. Ese concepto llevo a los Patriarcas a intuir que Él quería un espacio en donde cohabitar entre su pueblo para expresar allí sus manifestaciones. Conexión que parece perderse en Egipto para recuperarse por Moisés en el Éxodo, y que condujo a algunos al episodio del becerro de oro para reemplazar ese Tabernáculo y arca, en la cual el Creador depositara la ley; Torá, que les devolviera ese nivel de conexión personal.
Templo que significa casa (Maljut, מלכות), santuario, santo, Bina o raíz, alma o cuerpo, partes de nuestro ser interior que cual vasijas reciben la Luz del Creador y nos relacionan con lo exterior. “Vestiduras”, que para los creyentes en conjunto, conforman nuestro templo espiritual corporal, el cual requiere la reconexión con lo sagrado. Por ende, nosotros construimos en ese espacio de oración, dicha reconexión, ya que sin ella no existiríamos, lo que significa que nuestro cuerpo como templo requiere Su guía, proceso en donde esa vestidura material necesita purificarse gracias a la adoración al Creador, reconectándonos así con Él al comunicarnos con el todo desde nuestro interior.
Cuerpo o tabernáculo (מִשְׁכָּן, Mishkán) que como creyentes es mucho mas que un espacio sagrado en donde el Creador vuelve a morar con nosotros. Es ese hogar celestial que no se diferencia de aquel detallado en la Biblia, ya que requiere el servicio divino en pro que el more allí gracias a nuestro sumo sacerdote y Salvador quien nos llama a que mantengamos esa conexión a través del Espíritu Santo, dándole a nuestro tabernáculo corporal la misma simbología de aquel gran templo que construyeron David y Salomón, como una búsqueda que nos debe llevar a todos como iglesia de retorno a Su lado.
Él quiere que mantengamos una relación permanente y cercana y por ello nos manda a amarnos, vinculo que Él mismo nos enseñó. Más no por ello podemos renegar de una ciudad y de un día, Yom Yerushalayim (יום ירושלים) en donde se honra a ese templo mayor que espera ser reconstruido por tercera vez para allí orar, ya no en ese muro de los lamentos sino dentro de él, lo que la mayoría de creyentes debemos apreciar como el gran anhelo del retorno del Mesías para que ahora todo ser vivo le reconozca y podamos como humanidad ser redimidos, retornando así a nuestra morada celestial.
Moisés (מֹשֶׁה), nos recuerda que más que un templo o tabernáculo o imágenes o espacios fijos de adoración, debemos buscar el lograr que cualquier entorno nos sirva para conectarnos con Él, siendo la oración la forma como nos guía para mantenernos alineados a Su voluntad, lo que no desdice de congregarnos, de tal forma que podamos aumentar nuestra Fe, irradiando su misericordia a otras vidas, hasta que este nuestro cuerpo venza la muerte y se reencuentre en ese lugar Sagrado en dónde Él nos espera. Por ahora debemos alabarle a través de nuestro cuerpo, reconectándole con nuestra alma.
El Texto de Textos nos revela en Juan 2:19, “respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.
Oremos para hacer de nuestro templo físico del Espíritu un espacio sagrado.



