
Mi Parashà – Genesis 23:16
Este versículo describe cómo Abraham, después de escuchar a Efrón, paga el precio acordado por la cueva de Macpela y el campo, cumpliendo su promesa y formalizando la transacción de acuerdo con las normas sociales de la época. El acto de “pesar” el dinero y su simbolismo de equilibrio y justicia, Vayishkol Avraham (וַיִּשְׁקֹל אַבְרָהָם), subraya la importancia de la equidad.
En la Cábala, el acto de pesar implica un esfuerzo por mantener el equilibrio y la equidad en nuestras acciones. Abraham no solo paga el precio acordado, sino que se asegura de que sea justo y correcto, cumpliendo con las leyes materiales y espirituales.
La plata (kesef) en la transacción también tiene un significado espiritual. Como se ha mencionado, la plata simboliza el deseo y la pureza. El hecho de que Abraham pague con plata significa que actúa desde un lugar de intención pura y rectitud. En este contexto, la plata también simboliza el deseo de completar una transacción con implicaciones espirituales duraderas, no solo un acuerdo material.
La palabra “kesef” (כֶּסֶף), que significa “plata”, tiene un valor gemátrico de 160, asociado con pureza y justicia. Al pagar con plata, Abraham asegura que la transacción sea justa y sin desequilibrio espiritual o material.
Arba me’ot shekel (אַרְבַּע מֵאוֹת שֶׁקֶל), que significa “cuatrocientos siclos”, tiene un valor gemátrico de 400, el mismo que la letra Tav (ת). Como mencionamos antes, Tav representa completitud, perfección y el fin de un ciclo. Los cuatrocientos siclos simbolizan el cierre simbólico en la vida de Abraham, al adquirir un lugar de entierro para Sara, representando un paso hacia la eternidad.
O’ver lasocher (עֹבֵר לַסֹּחֵר), “de moneda corriente entre los mercaderes”, tiene un valor gemátrico de 368. Este número puede estar asociado con fluidez y transacción justa, indicando que la plata de Abraham era aceptada entre los mercaderes, subrayando la legitimidad de la transacción.
El verbo “escuchar” (shama’, שָׁמַע) en la Cábala implica algo más que oír. Escuchar aquí significa comprender y aceptar. Abraham no solo oye a Efrón, sino que actúa según sus palabras. “Escuchar” representa una conexión espiritual en la que se reconoce la importancia de lo que se transmite en ambos planos, físico y espiritual.
El acto de pesar la plata refleja la preocupación de Abraham por la justicia y el equilibrio. En la Cábala, pesar no es solo una acción física, sino una manifestación de la intención espiritual detrás. Este acto subraya la importancia de actuar con justicia en nuestras interacciones, asegurando que nuestras acciones sean equilibradas y correctas.
El pago de los cuatrocientos siclos marca el fin de una etapa en la vida de Abraham, al adquirir un lugar de entierro para Sara, lo que simboliza el comienzo de un nuevo capítulo espiritual. El número cuatrocientos representa el final de un ciclo y el comienzo de otro, sugiriendo que este acto tiene implicaciones en el plano físico y espiritual.
La transacción “ante los mercaderes” refleja la importancia de la honestidad y transparencia. En la Cábala, las transacciones materiales deben ser transparentes y justas, ya que nuestras acciones en el mundo físico influyen en nuestro crecimiento espiritual.
Este versículo nos enseña sobre la importancia de actuar con justicia y transparencia. Al igual que Abraham, debemos asegurarnos de que nuestras acciones sean justas y equilibradas en el plano físico y espiritual.
También nos recuerda que nuestras acciones, incluso las aparentemente mundanas, tienen implicaciones espirituales profundas. El acto de pagar por el campo y la cueva no es solo una transacción económica, sino un acto de conexión espiritual con un impacto duradero en la vida de Abraham y su familia.
Finalmente, el versículo subraya la importancia de cerrar ciclos con integridad. Al completar esta transacción justa y transparente, Abraham cierra un ciclo y asegura que la memoria de Sara y su conexión con la tierra prometida se mantengan de manera digna y sagrada.
Este versículo destaca la justicia, el equilibrio y la integridad en nuestras acciones. Nos enseña que nuestras interacciones materiales deben estar guiadas por principios espirituales, y que actuar con pureza y transparencia nos ayuda a cerrar ciclos importantes en nuestra vida y avanzar en nuestro crecimiento espiritual.
Pero más allá de estas visiones al releer estos textos debemos sabernos eternos: una encrucijadas más fascinantes de nuestra vida y es que estamos atrapados en lo que el filósofo Søren Kierkegaard llamaba “el instante”, intentando mirar a través de la cerradura de una puerta que da al infinito. Y para entender la eternidad estando presos de nuestra secuencialidad (pasado, presente, futuro), perspectiva para la cual debemos recurrir a la física, la filosofía e incluso a la geometría para quizá por lo menos imaginarnos dicha eternidad.
La analogía de la línea frente a la página (Dimensionalidad)
Imagina que eres un personaje plano que vive en un mundo de dos dimensiones (una hoja de papel). Para ti, el tiempo es avanzar en una sola línea. Solo puedes ver lo que tienes inmediatamente delante. No puedes ver el principio de la página ni el final al mismo tiempo.
Ahora imagina a un observador externo en tres dimensiones. Ese observador mira la hoja de papel desde arriba:
Tu perspectiva (El tiempo): Ves la secuencia, el punto A, luego el B, luego el C.
La perspectiva externa (La eternidad): El observador ve toda la hoja simultáneamente. El principio, el medio y el fin coexisten en un solo “ahora” eterno.
La eternidad no es una línea de tiempo que nunca termina (eso sería “tiempo infinito”). La eternidad es la ausencia de tiempo; es la página entera vista a la vez.
El bloque de la física moderna (El Espacio-Tiempo)
Desde que Einstein formuló la Teoría de la Relatividad, la física nos dice que el tiempo es una dimensión más, íntimamente ligada al espacio. Nace el concepto del “Universo de Bloque”.
En este modelo, el pasado no desaparece y el futuro ya existe. Tu nacimiento, este momento exacto en el que lees esto, y el fin del universo son como diferentes coordenadas en un mapa o fotogramas de una película que ya está impresa en el celuloide.
“La distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión, por persistente que sea”.
— Albert Einstein
Bajo esta óptica, la eternidad es el “bloque” completo. Nosotros somos como una linterna que ilumina un fotograma a la vez debido a nuestra limitación biológica y neurológica (nuestro cerebro procesa el movimiento y el cambio para sobrevivir).
La eternidad no es el “mañana”, es el “ya”
Solemos cometer el error de proyectar la eternidad hacia el futuro: “Vivir por la eternidad” suena a un reloj que nunca se detiene. Pero los grandes místicos y filósofos (desde San Agustín hasta los pensadores orientales) sugieren que la eternidad se experimenta en vertical, no en horizontal.
Si logras abstraerte del movimiento y del espacio por un segundo —en un momento de profunda meditación, de shock, o de asombro absoluto—, el pasado y el futuro se desvanecen. Solo queda el presente puro. Ese instante atemporal no dura “mucho tiempo”, simplemente es.
| Concepto | El Tiempo Humano | La Eternidad |
| Naturaleza | Secuencial (un suceso detrás de otro). | Simultánea (todo ocurre a la vez). |
| Medida | Depende del movimiento y el espacio ($v = \frac{d}{t}$). | No tiene medida, es un estado estático. |
| Experiencia | Como un río que fluye. | Como el océano completo. |
No estamos diseñados biológicamente para imaginar la eternidad con los sentidos, porque nuestros ojos y cerebros necesitan el contraste del cambio para percibir las cosas. Pero podemos entenderla matemáticamente y conceptualmente como el marco completo donde nuestra pequeña película lineal toma sentido.
Por ello, llevar esta reflexión al terreno de la Cábala (Kabbalah) y la Gematría es, precisamente, pasar de la teoría física a la tecnología espiritual. Para los cabalistas, el tiempo lineal no es una realidad, sino un “filtro” diseñado para que el alma pueda cumplir una misión. Desde esta perspectiva mística, la vida, la muerte y la resurrección no son eventos biológicos, sino fases de un circuito de energía.
El Alma (Neshamah) y el origen del tiempo
En la Cábala, el alma humana no es algo que “poseemos”, sino lo que somos: una chispa de la Esencia Divina (Ein Sof, el Infinito). El Ein Sof es la eternidad pura, donde solo existe el deseo de dar.
Para que el alma pudiera experimentar la individualidad y el libre albedrío, Dios creó la vasija (el cuerpo) y el “paréntesis” del tiempo. El tiempo es simplemente una distancia espiritual creada para que trabajemos en nuestra transformación. En la eternidad, la causa y el efecto ocurren al mismo tiempo; en la Tierra, el tiempo los separa para que podamos aprender de nuestros errores.
La Muerte: Quitarse el abrigo
En la Cábala, la muerte no existe como un final, sino como una transición de dimensiones. Se utiliza mucho la analogía de la ropa: el cuerpo es solo un vestido (Levush) que el alma se pone para operar en el mundo físico (llamado Maljut).
Cuando el cuerpo físico muere, el alma simplemente regresa a las dimensiones superiores (Zeir Anpin o Binah), libre de las restricciones del espacio y del tiempo.
El código de la Gematría:
Si analizamos la palabra hebrea para “Muerte”, que es Mavet (מוות), su valor numérico es 446.
Si reducimos este número (4+4+6 = 14 -> 1+4 = 5), en la numerología cabalística el 5 representa la letra Hei (ה), que es el canal de la manifestación y el aliento de vida divina. La gematría nos revela que dentro de la misma palabra “muerte” se esconde la semilla de la vida y la transformación; es solo una puerta de retorno.
La Reencarnación (Gilgulim) y la Resurrección
A diferencia de la visión occidental lineal, la Cábala enseña el Gilgul Neshamot (la rueda de las almas). Un alma regresa a este plano físico (el paréntesis del tiempo) tantas veces como sea necesario para reparar su energía, un proceso llamado Tikún (corrección), lo que nosotros los creyentes lo entendemos desde la filogenética y es que ese retorno se da a través de nuestro ADN y sus nuevas generaciones que deben sanar y lograr ese fin supremo.
Por ello nuestro Salvador Jesucristo nos habla más bien de la Resurrección de los Muertos (Tejiat Hametim) en donde no se trata de cuerpos zombis saliendo de las tumbas en un sentido literal de película. Los cabalistas explican que la resurrección es el momento cósmico en que la materia física se eleva a un nivel de vibración tan alto que el tiempo y la ilusión de la muerte se disuelven. Es la fusión perfecta del cuerpo y el alma, donde la vasija física se vuelve tan pura que ya no envejece ni se desgasta. Es el fin del “paréntesis”.
No olvidemos que la cabala y la gematría no cuenta con el Espíritu Santo para comprender como nosotros los conceptos que nos aporta el nuevo testamento y por ello debemos desde esas miradas profundas tomar apartes de sus reflexiones para poder entender la Vida como el “Juego de la Restricción”
Bajo la luz de la Cábala, la vida en este mundo es un simulador. Venimos de la eternidad (donde todo es luz) a un lugar oscuro y limitado para un propósito: encender la luz por nosotros mismos.
La Gematría nos da una pista hermosa sobre el equilibrio de la vida al conectar dos conceptos clave:
Ajavá (Amor – אהבה): Su gematría es 13.
Ejad (Unidad – אחד): Su gematría es 13.
Cuando sumamos Amor (13) + Unidad (13), obtenemos 26.
El número 26 es el valor exacto del Tetragrámaton, el nombre más sagrado de Dios (YHVH – יהוה), que representa la eternidad (el nombre mismo conecta las palabras Hayá [fue], Hové [es] y Yihyé [será]).
Esto nos dice que el secreto de la vida dentro de este paréntesis temporal es usar el Amor y la Unidad para sintonizar, aquí y ahora, con la frecuencia de la eternidad. Cada vez que actúas con amor desinteresado, rompes el tiempo lineal y traes un pedazo de infinito al presente. Enseñanza principal de nuestro redentor.



