
Mi Kabbala – Siván 4, 5786 – Miércoles 20 de Mayo del 2026.
¿Labios?
El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 10:12, “Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina”.
Mucho se habla en el Texto de Textos de la purificación (טֳהָר־, tahor) de nuestras intenciones, de nuestras palabras, de nuestros pensamientos; como una forma de indicarnos la importancia de entender que fuimos creados por la Palabra de nuestro amoroso Padre Celestial y que son estos conceptos lingüísticos los que constituyen y consolidan nuestras realidad, siendo necesario entonces que usemos nuestra boca para alabarle, agradecerle, para bien decir y no como sucede a menudo para mal decir de la vida, de nosotros y hasta de Él, así sea inconscientemente.
Las palabras de Isaías, desde antes de saberse profeta, nos llaman a asimilar esa visión de aprender a someternos a Su voluntad, quizá por ello desde ese ritual de iniciación que se hacia en el Templo podemos lograr cual si asistiéramos a Él imaginariamente limpiar nuestro labios con “un carbón ardiente” de Su perdón y dejar así que ese serafín, remueva (עוֹבֵר, over) nuestra culpa, perdonando los pecados allí expresados. Bella manera de reiterarnos que, cuidemos muy bien lo que decimos y el cómo usamos nuestras palabras para el beneficio general, el servicio y la fraternidad.
Los mismos ángeles y los serafines como mensajeros divinos desarrollan un trabajo que consiste en alabar y proclamar la gloria de nuestro Creador. Tarea que también debemos realizar nosotros y que nos invita a que con nuestras voces agradezcamos permanentemente, custodiando así el trono del Señor con esas vibraciones, fuego producido por ellos: seraphim (שְּׂרָפִים) para llamarnos a expulsar todo aquello que maldice, llameando (SRF, שרפ) nuestros labios cual si tuviéramos esas seis alas logrando asi que nuestro santuario corporal nos santifique con dichas expresiones celestiales.
Se trata de lograr con ese fuego (אֵשׁ, esh) santo de la palabra del Creador, predicar con nuestro ejemplo sus enseñanzas. Logrando irradiar esta de tal forma que esos otros también sean guiados por el Espíritu Santo, quien ilumina nuestro entendimiento para que nuestras expresiones estén llenas de bendiciones y alabanzas, logrando así que nuestros labios sean usados coherentemente, evitando hacerlo de forma incorrecta la cual solo nos ha llevado a vulgarizar hasta nuestros saludos, cuando nuestra propia inteligencia nos fue dada para que comprendamos ese poder que tienen nuestras palabras.
Todos los profetas nos advirtieron del uso de nuestras bocas (פֶּה, peh) para que como los serafines; alabemos, proponiéndonos con ese fuego del Espíritu de nuestro Creador quemar todos aquellos pensamientos que revestidos de palabras grotescas expresaremos a diario y que no aportan nada a nuestra santidad y que por el contrario, nos alejan de Él, siendo necesario que a través de la oración nos permitamos nutrirnos de la única Palabra que debería salir de nosotros, para alabarle y agradecerle, reconociendo con ello no solo Su santidad, autoridad, sino Su paternidad y misericordia para con nosotros.
El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:29, “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan”.
Oremos para que de nuestra boca sola salgan palabras que estén llenas del Espíritu Santo.



