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Mi Kabbala – Sivan 29, 5786 – Domingo 14 de junio del 2026

¿Orientación?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 5:33, “Sigan por el camino que el Señor su Creador les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer”.

Antes de nuestra caída (נָפַל, naphal), fruto de la desobediencia que denominamos como pecado; vivíamos en perfección al lado de nuestro Creador, lo que suele ser descrito en textos antiguos como el Mundo Infinito, ya que compartíamos ilimitadamente entre nosotros esa dicha de coexistir en la armonía divina, recibiendo de Él la plenitud de Su luz. Deseo que llevado al egoísmo, nos llevó ya no a ser a Su imagen, sino a querernos iguales o hasta superiores a Él, por lo que nos separarnos y descendimos a un nivel espiritual tan bajo, que creamos una nueva realidad, en la cual sin Él reina el caos.

El idioma hebreo como brújula para atender con mayor coherencia las Sagradas Escrituras nos propone una nueva interpretación, la cual nos posibilita durante nuestro trasegar terrenal, el poder buscarle, en pro de en algún momento retornar a ese estado original, siendo para ello trascendental que nuestro lenguaje finito y limitado se articule a la Palabra creadora: a Su voluntad transformadora. Sin embargo, buena parte de nuestras expresiones siguen aferradas a maldiciones, las mismas que nos mantienen presos de la profundidad (עֹ֫מֶק, omeq) de ese egoísmo que con sus conceptos nos lleva a replicar todo tipo de conflictos que solo llaman nuestra atención para que nos tratemos como hermanos.

Tarea que nos invita a ubicarnos más allá del tiempo terrenal, para reorientarnos, siendo la Biblia ese manual de vida del que debemos retroalimentarnos. Quizá por ello, cuando allí se nos invita a ir a Negbá o al sur (Néguev, נֶ֫גֶב), más que hablarnos de aquella región desértica del sur de Israel, se nos pide experimentar unas condiciones en donde le busquemos, de lo contrario en Yamá, occidente, hacia el mar (yam, יָם) seguiremos perdidos, desorientados (Kedmá:  oriente), intentando escalar montañas hacia el norte (Tzafona), cuando todos esos puntos cardinales nos están gritando a cada paso que busquemos retornar al jardín del Edén (mikedem), ya que Él nos espera.

Orientación que le sirvió a Abraham y a su descendencia para ubicar la tierra prometida gracias a la guía de Su Palabra, la misma que nos recuerda que estos territorios no nos pertenecen, que son de tránsito. De allí la importancia que como creyentes evitemos adueñarnos de algunos de estos espacios, ya que solo podemos ser sus mayordomos temporales. Se trata de buscar esas coordenadas celestiales para no aferrarnos así a la tierra del norte (tzafona, צָפֹנָה) o la del sur (negba, נֶגְבָּה) o la del este (kedma, קֵדְמָה) o la del oeste (yama, יָמָּה), entendiendo estos puntos como referencias para nuestras propias extremidades, en pro de guiarnos incluso más allá de nuestro templo corporal.

Su palabra nos guía y no es coincidencia que el signo (ה), que aparece como final nos revele que en cualquier dirección que tomemos Él estará ahí con nosotros. Lo que quiere decir que en nuestro trabajo espiritual como creyentes debemos caminar en la dirección correcta, la interior, esa en donde podremos realizar todas las acciones que están alineadas con Su plan, ese que nos incita además a ayudar, a compartir, a dar. Reorientación que debe ser acorde tanto con nuestras intenciones y deseos, como con nuestros pensamientos para que encaminemos nuestra conciencia en esa dirección: hacia Él, reconectándonos así con Su obra, retornando desde ella a Su lado.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 5:25, “Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu”.

Oremos para que El señor guie nuestros pasos a cada instante.

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