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Mi Kabbala – Sivan 27, 5786 – Viernes 12 de junio del 2026.

¿Confusiones?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 5:1, “Este es el libro de las generaciones de Adán. El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo”.

Todo parece indicar que desde la confusión de nuestras lenguas en Babel, perdimos aún más la posibilidad de conectarnos con el Creador y su sapiencia, probablemente por ello algunos Judíos ortodoxos consideran como uno de sus peores momentos cuando se tradujo la Torá a otros idiomas. Mirada que es razonable, si nos percatamos que las diferentes letras y Palabras originales contienen esa Luz divina que nos reorienta con sus manifestaciones y preceptos, recordándonos que somos polvo de la Tierra Santa, Jerusalén y que debemos proteger nuestro Templo sagrado. Cuerpo, en pro de reconectarnos con esa dimensión; Maljut (מלכות), gracias a esas otras intenciones.

La Biblia nos dice que el Creador insufló en nuestras narices el aliento de la vida: el alma, su esencia sagrada, la cual es eterna y cohabita en el nivel Bina del Árbol de la Vida, Sefirot que según estudiosos del hebreo original necesita integrarse a Nefesh (נָ֫פֶשׁ). Ese Espíritu de santidad, de la Jaya superior. Lo que traducido a nuestro limitado lenguaje e interpretaciones finitas, implica que nuestras almas, llamadas Nefashot, reciben su iluminación del mismo Creador a quien desafortunadamente no atendemos. Lo que quiere decir que cuerpo, mente y alma vivan en completa desconexión con Él.

El caos terrenal hace que nuestra alma permanezca impura (טָמֵא, tame), por lo que este corto ciclo de vida nos debe llevar a lograr voluntariamente el reconectarnos con Él a través de esta Su obra, siendo necesario asumir nuestro verdadero camino de retorno el cual es mantenernos en ese pacto sagrado, gracias a esos mandatos divinos, los cuales intentan que dejemos de estar distraídos en nuestros juegos de niños terrenales egoístas y volvamos a vibrar con esas prioridades trascendentes.

Se trata por ende de revisar todos esos conceptos que como suelo,  tierra de Edom que se cree pisaron Adam y Eva, creados desde Maljut, sefirot que se conecta con Bina (בינה) para darnos entendimiento, nos motiven a nuevos imaginarios, gracias a las chispas de luz de Su palabra y logremos vislumbrar en cada letra más que esa dualidad: Yatzar (יָצַר), que nos confunde, esa inclinación a Su luz, al ver en las dos letras: Yod, Su nombre, sus revelaciones, para que asì nos conduzcamos bien. Vida que gracias al agua, parte de nuestra estructura, no solo requiere ser limpiada sino el purificarnos.

Balam (בִּלְעָם) como muchos otros seres, confundidos (בֹּ֫שֶׁת, boshet), nos recuerda al releer la Biblia que no interpretamos Sus mensajes realmente y que erradamente conforme a nuestras expectativas, no percibamos los destellos que ella contiene. Obviando al desconocer ese Hebreo original, la intención divina, distrayéndonos en traducciones egocéntricas, siendo necesario trasformar esa visión hacia el amor celestial, solicitando la necesaria guía del Espíritu Santo quien gracias a nuestras continuas oraciones nos acompaña para posibilitarnos comprender mejor todos esos mensajes orientadores de vida.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 17:26, “y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen al Creador, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros”.

Oremos para que cada relectura de la Biblia ilumine a diario nuestras vidas.

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