
Mi Kabbala – Av 10, 5786 – Viernes 24 de Julio del 2026
¿Predicadores?
El Texto de Textos nos revela en Números 18:1, “Jehová dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario; y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. 2 Y a tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten contigo, y te servirán”.
Estamos llamados a hacernos uno con el Creador nuevamente, ello debido a un proceso que partió de la contracción de Él para crear un espacio vacío en el cual se minimizará su Luz, y así permitirnos coexistir, lo que significa que lo que apreciamos como oscuridad es Su manifestación (Sefirot) una especie de escenario mental que cual recipiente (kli – כְּלִי) permite que Su palabra genere lo que reconocemos como vida y en la cual nos recreamos. Se trata eso si de transformar nuestros imaginarios siguiendo Su guía como sumo sacerdote y Señor, quien al humanarse tomando nuestra forma, nos mostró cómo entregar nuestra voluntad y corazón en este propósito divino.
Lectura que nos hace hijos de Adam y por ende, de la línea genealógica de Aarón, hermano de Moisés, de quien descendieron genealógicamente los kohen (כּהן) o sacerdotes (kohanim) quienes además de ser los responsables de las tareas específicas para los ofrendas cotidianas y las festividades de sacrificio, debían cumplir con ese labor de iluminar el entendimiento de su comunidad, quizá por ello estos usaban vestiduras especiales, con un pectoral adornado con las doce piedras, aseguradas por cadenas de oro sobre el efod y en la mitad una placa de oro con la inscripción de santidad, denotándonos ese camino.
Como primogénitos debemos servir al Creador en Su obra, siendo útiles a esos propósitos para que cual sacerdotes de la tribu de Leví, mantengamos sus mandados que son mas que creencias ya que al sabernos hijos, herederos del reino, Cohanim, se nos llama no a vestirnos de rabinos (Rabí – רַבִּי) como si a mantenernos puros, atendiendo la voz del maestro quien con Su ejemplos de amor nos muestra como seguir esa voluntad que nos lleva a rendirle culto diario solo a Él, como nuestro supremo redentor y salvador.
Los creyentes debemos entender que somos un todo, para que, desde esa lógica espiritual, podamos sumarnos al concepto de un solo ser, uno, que nos integra en este mundo, donde las almas se deben unir voluntariamente y saberse uno con su Creador. Logrando a través de esa integración con el Espíritu Santo el cometido divino, para lo cual debemos asumir esa nueva perspectiva como levitas (Leviim – לֵוִיִּם), seres que, se distinguen de la masa general por ser capaces de conectarse entre ellos más fuertemente que los demás, integrándose a través de Él sumo sacerdote: Jesucristo.
El concepto de Yijud (איחוד) simboliza esa unidad y conexión, la cual nos reitera que no hay limitaciones para integrarnos con ese ser Superior. Para ello, eso sí debemos aislarnos de la esclavitud que significa Babilonia y, gracias a esa visión, entender que no hay diferencia de raza y que, aun sin ser el pueblo escogido, fuimos elegidos. Esto significa que solo dependemos de esa fe que, como búsqueda individual, nos lleva a alcanzar cada vez más ese nivel espiritual que nos hace fundirnos con el Creador.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 7:6, “Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. 7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.
Oremos para que cual sacerdotes nos hagamos uno con el Creador.



