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Mi Kabbala – 20 Tishrei, 5787 – Jueves 1 de octubre del 2026

¿Vivencias?

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:39, “Reconoce y considera seriamente hoy que el Señor es el Creador arriba en el cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro”.

Todo nos habla de Él: el Árbol de la Vida, quien se nos revela a través de la diversas interracciones en que coexistimos, dentro de este plano la terrenal, espejo e imagen de ese escenario superior: Ain Sof o Infinito. El cual al no percibir calificamos como la Nada; desconociendo esa Su contracción, que se expresa a través de nuestra esencia, la misma que es Su Luz y que recrea todo, abriéndose paso desde adentro hacia afuera. Expansión que hace que la energía se establezca y cree (Bara, בָרָא). Revelación que requiere una sabia, compleja y perfecta ecuación que solo percibimos como manifestaciones o destellos de ese Ser que nos guía hacia la posibilidad de reintegrarnos voluntariamente con Él.

Ideas abstractas que constituyen nuestra realidad y que nos dan la idea desde las diez Sefirot para que nuestros imaginarios vislumbren esa cumbre o corona del Árbol (Kether, כתר) para poder asumir este paréntesis temporal terrenal y su semiótica, nutriéndonos de ese rayo de Luz; de Su palabra, que desciende por esas diez emanaciones y sus veintidós signos lingüísticos. Senderos para nuestra evolución espiritual y que le dan a nuestros ciclos vivenciales una orientación al describimos nuestra misión existencial.

Imagen del Árbol que nos proyecta a Su lado (Maljut, מלכות): deseos, que enraízan nuestro mundo. Rayo, luz divina, que es la presencia del Creador en la materia. Emanación que nos vincula además con cada uno de Sus atributos. Perspectiva que como analogía, se refleja incluso en nuestra anatomía humana y al mismo tiempo, nos llama a nuestra autorrealización en el camino espiritual, denotándonos que somos un todo que se integra a través de vivencias en donde cada imaginario nos aporta las señales que le dan ese sentido trascendente a todo lo que reproducen nuestras mentes.

Con todo y ello a diario le despreciamos como guía y Rey, tanto, que no atendemos a profetas como Samuel (שָׁמַע, shamá) quienes nos llaman a volver a Su guía, reenfocándonos en esa perspectiva holística que nos revela la función de este universo, del cual solo decodificamos apartes. Esas que leemos como misterios, siendo indispensable que el Espíritu Santo nos integre con Su Haz de Luz, nutriéndonos así del Árbol de la Vida: nuestro Señor Jesucristo, quien con Su amor nos reitera cuál es nuestra esencia, en pro de redescubrir esta estructura espiritual a través de la cual podemos ascender por dichos senderos que nos devolverán a nuestro estadio original.

Ascenso progresivo a través de esas experiencias diarias que nos aportan para maniobrar nuestra voluntad consciente y reinterpretar toda esa desinformación en que nos interrelacionamos producto de nuestra oscuridad, por lo que necesitamos acercarnos a esos niveles psicoespirituales para darle otro sentido a todo lo que nos acontece. Siendo la Biblia nuestra principal fuente de retroalimentación, tal como lo expresaron profetas como Ezequiel (יְחֶזְקֵאל), quien nos explicó los cuatro mundos; los cuatro elementos básicos de la Creación. Diagrama, que llevado a las Sefirot nos brinda una idea concreta de cómo funciona lo creado y así podamos alinearnos con los propósitos de nuestro Creador.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 10:3, “Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo”.

Oremos para que el Espíritu Santo ilumine nuestro entendimiento.

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