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Mi Kabbala – Sivan 30, 5786 – Lunes 15 de junio del 2026

¿Anuncio?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 53:1, “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo del Creador?”

La Biblia está llena de anuncios que, sin embargo los seres humanos poco comprendemos, muchos de ellos se presentan a través de analogías que con sus manifestaciones se articulan a nombres de seres que, además hacen parte de nuestra genealogía, la misma que comienza con Adam (אדם) que significa tierra. Mensaje que para algunos traductores de hoy (adamá אדמה) se interpreta como hombre, fruto de una invitación celestial a intentar asumir gracias a todo lo que Él nos revela desde los códigos cifrados de Su lenguaje, que Él sigue intentando que no perdamos de rumbo y retornemos a Su lado.

Los primeros hijos de Adam y Eva a los que se hace referencia en el texto Sagrado, fueron Caín y Abel. Siendo Caín (קין) quien asesino a su hermano y por ende quien introdujo esa maldición en nosotros como descendencia. Sin embargo, Set (שת) como primogénito de esta nueva estirpe, fue designado para que esa segunda generación transformara dicho pecado, siendo Enós (אֱנוֹשׁ) que significa mortal, quien prosiguió el camino de retorno para que la tercera generación de Cainán, que significa lamento, gracias a Mahalaleel, nos enseñara a alabar y bendecir, guiándonos a través de Jared a ese descanso en donde Enoc y Matusalén nos posibilitaran sabernos cada vez más cerca al Creador y de la eternidad.

El padre de Matusalén (מתושלח) fue Enóc (חֲנוֹך), que significa maestro, por lo cual y gracias a ellos, podemos reinterpretar en los signos lingüísticos esa reconexión, al atender las señales allí plasmadas. Las mismas que nos llaman a seguir sus pasos al lado del Creador, conforme a sus preceptos y mandaros. Tarea que desde ese primer ser humano tenemos para poder superar la muerte, esa que nos llevó del cielo, al suelo. La misma que según Lamec (לֶמֶךְ) que significa poderoso y quien finalmente engendró a Noe, nos quita esa paz, que se nos volvió a otorgar a través de Sem, Cam y Jafet, herederos del nuevo pacto.

Después del Diluvio (מַבּוּל, mabbul) esos hombres y sus mensajes hechos vida, nos proyectan la luz del Creador desde otra perspectiva, en pro que nuestros lamentos tengan una especie de respuesta, logrando incluso que el mismo Espíritu Santo descienda como guía para que nuestra muerte, al igual que la de nuestro Redentor, se convierta en ese descanso que anhelamos los hombres. El mismo que nos otorga la esperanza de sabernos rescatados del foso del pecado. Ese en el que caímos por el pecado original y del cual Él nos libra, siempre y cuando por Fe; le aceptemos.

Afortunadamente desde la eternidad se nos anuncia lo que sucederá en ese futuro terrenal, que tanto nos preocupa, pero que no es el final. Por ello todos los evangelios apuntan a nuestra redención y rescate por parte de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ofrece la vida eterna. Sin embargo y pese a que Él mismo nos revela nuestra predestinación y que la misma naturaleza gime (אֲנָחָה, anachah) por ese retorno, nosotros vivimos distraídos, alejados de Él, siguiendo las huellas equivocadas de algunos de esos ancestros que no quisieron  retornar a Su lado, a nuestra morada Celestial.      

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 11:5, “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso el Creador; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado al Creador. 

Oremos para que atendamos todos los anuncios que se nos hacen a través de Su Palabra.

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