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Mi Kabbala – Tamuz 2, 5786 – Miércoles 17 de junio del 2026.

¿Rezos?

El Texto de Textos nos revela en Nehemías 9:6, “Tú solo eres el Creador; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran”.

Hay diferentes formas de orar y, aunque el término griego: metanoia, parido de las prácticas hesicastas y las corrientes filocálicas nos puede estar invitando a hacerlo de rodillas, en un profundo estado de piedad y humildad, logrando paz y reconciliación con el Creador, ello no quiere decir que exista una única posición, más sí, que dicha postura puede darnos el privilegio de sentirnos cerca de Él. Propósito que podemos alcanzar caminando o caídos como estuvo Moisés, boca arriba (עָל, al), conectado con el cielo, logrando vislumbrar esa piedad de corazón que logra acciones cotidianas virtuosas al sabernos consecuentes.

Rezar, orar, meditar o dialogar con nuestro Creador implica de alguna forma un encuentro personal y permanente con ese Ser Superior y, aunque hay quienes lo ejecutan como si fuera un rito, lo cierto es que para ello lo más importante es nuestra motivación personal. La misma que debe convertirse en un compromiso constante, uno que nos lleve a intentar no solo hablar con Él, sino de Él a través de nuestras relaciones, gracias a la intervención del Espíritu Santo que fortalece nuestra fe, más allá de cualquier rito (מִנְהָג, minhag). 

Términos hebreos como Berajot o Berajá, singular de la palabra Baruj (בָּרַך) nos llevan a contextos que podemos traducir como de bendición. Interpretaciones que al asociarles con etimologías como berek (rodilla), nos incitan a entender la importancia de ser reverentes hacia el único que la merece, dirigiéndole nuestra voz interior a través de alabanzas en señal de gratitud, reconociendo así su grandeza, belleza, bondad y majestuosidad. Quizá por ello el termino: Baruj she’amar (ברוך שאמר), implica no solo una bendición de apertura, sino el sabernos cercanos a Él, guiados por Su amorosa misericordia, lo que a su vez nos sirve para llenarnos de confianza en que Él tiene el control de todo.

Los Judíos llaman a sus oraciones tefilá (תְּפִלָּה), rezos, que imprimen en sus vidas esa relación continua e inalienable con el Creador, para lo cual durante varios momentos de su día a día, le hablan conscientemente, intentando mantenerse además cerca a sus preceptos Bíblicos, siendo los Salmos para ello, fuente de plegarias, por lo que como creyentes acostumbrados o no a rezar de rodillas, deberíamos entender que incluso hacerlo de pie, oscilando nuestro cuerpo en dirección a Jerusalén, se convierte en una invitación a sabernos parte integral de Él a través de esta Su obra, lo cual significa que estamos llamados en todo momento a denotar que nos reconocemos guiados por Su Luz. 

David (דּוֹד, dôwd) nos llama a través de esos Salmos a honrar a nuestro Creador permanentemente, sin importar si colocamos nuestro pecho sobre nuestros muslos o estiramos nuestros brazos o nuestras manos hacia el cielo o quizá, nuestra frente sobre el piso para reverenciarle, manteniéndonos eso si siempre en plena humildad para con Él, ya que sea cual fuere nuestro credo; alabándole por todas las bendiciones que significa vivir, haciendo nuestras peticiones personales con humildad, confianza y con mucha gratitud.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 1:9, “por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”.

Oremos y alabemos constantemente al Creador.

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