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Mi Kabbala – Tamuz 5, 5786 – Sábado 20 de Junio del 2026.

¿Discípulos?

El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 2:3, “Cumple los mandatos del Señor tu Dios; sigue sus sendas y obedece sus decretos, mandamientos, leyes y preceptos, los cuales están escritos en la ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y por dondequiera que vayas”.

Es bien sabido que aunque confiamos en un Creador, por momentos parece que no le creemos a Él, incluso sabiéndonos una buena cantidad de versículos de su Palabra hasta de memoria, pero no atendemos esas promesas y les olvidamos, especialmente cuando atravesamos circunstancias difíciles. Probablemente por ello, Él mismo nos pide que más que actuar a través de la razón, lo hagamos integrando nuestra alma con la guía de Su Santo Espíritu, quien ilumina nuestro entendimiento para que más adelante no tengamos que arrepentirnos (נָחַם, nakjám) de perpetuar nuestros pecados.  

Llamado a asumir nuestras tareas con todo el corazón, desde nuestra alma, entendiendo que a diario se nos guía en ese camino, pese a que nosotros preferimos distraernos en otro tipo de actividades. Quizá por ello, la palabra (lev, לב) corazón, se encuentra cientos de veces en la Biblia, para reiterarnos que dicho órgano corporal es mucho más que esa parte que bombea incansablemente la sangre por nuestras venas, ya que es ese sistema humano central que representa nuestro ser interno, quien nos habla de esa alma que ama, llora e incluso peca, insinuación para lograr que nuestra psique, como todo nuestro ser se armonice a esa voluntad divina.

Los Evangelios nos hablan por ello de amor, el mismo que predicó nuestro Señor Jesucristo como el principal mandato, en pro que nos ocupáramos más de fraternizar y servir que de otros oficios o saberes, respondiendo así a nuestras habilidades humanas, las cuales por momentos descuidamos, al alejemos, en pro de las búsquedas de un mundo que ha dejado de actuar de corazón como nos lo enseñan los mismos apóstoles, que dejaron sus redes para ser pescadores de hombres (דָּאג, dag), y asumieron la tarea de discipular, la cual implica acercar a nuestros próximos al Padre, para que no sigan nadando en el mar de las desilusiones producto que su razón esa que está llena de confusiones y desinformaciones.

La expresión talmidim, que viene de la raíz LMD (למד) que significa estudiar, nos incita permanentemente a aprender; a bien decir, a dar amor a través de todo nuestro ser, comunicando, siendo ejemplo para esos otros, denotándoles la importancia de este vínculo perfecto que refleja Su misericordia para con todas las almas. Recordemos que estábamos perdidos y que debemos ser más que simples estudiantes de la palabra, para dedicarle toda nuestra vida a Sus mandatos, gracia a la guía del Espíritu Santo, el cual nos dirige hacia nuestra redención, esa que por fe recibimos de nuestro Mesías

Él como Savoir, Rabí o maestro, anhela que Su palabra (רַבִּי rabī), alimente y aliente nuestro día a día, y que como discípulos llenemos nuestro corazón de esa misericordia, cualidad central de la vida espiritual cristiana, que nos inscribe a todos como devotos para que sigamos aprendiendo de sus revelaciones de una manera activa y constante, por lo que si esperamos predicar esta, debemos hacerlo a través del amor, el cual sobrepasa cualquier circunstancia adversa por compleja que sea, permitiéndonos igualmente irradiar su perdón en aquellos a quienes de otra forma seriamos incapaces de entender.  

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:15, “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

Oremos para que nuestro corazón nos guie a través de las enseñanzas de nuestro Creador.

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