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Mi Kabbala – Av 1, 5786 – Miércoles 15 de julio del 2026

¿Lugares?

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 6:8, “Y os traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré {por} heredad. Yo soy el Creador”.

Jacob llamó Peniel (פניאל) a un lugar donde, según su testimonio, conoció el rostro del Creador. Escenario, que como muchos otros descritos en la Biblia, forma parte de una tierra sagrada llena de entornos especiales y emblemáticos, muchos de los cuales pasamos por alto simplemente porque nuestra lectura diaria no logra enfocarse en lo allí preceptuado. Es necesario por ello, profundizar en todas las revelaciones que nos aporta cada letra y símbolo de la palabra del Creador para con esas chispas de luz mantenernos enfocados no en nuestras sesgadas interpretaciones, sino en ese ideal de acercarnos a Él.

Encuentro en Peniel que puede ser cotidiano siempre y cuando cada noche entendamos que estamos de paso por esta tierra y que al final debemos toparnos con el Creador, reconociéndole, para que dejando de soñar como Jacob, ascendamos por esa escalera (סולם, sulam) hacia el cielo y asumamos un nuevo comienzo, producto del final de este viaje terrenal, que cierra el paréntesis de nuestro corto paso físico. Proceso que implica el desapegarnos de este mundo y sus distractores para reencontrar esa nueva oportunidad que implica el percibirnos cara a cara, tal como Jacob en Peniel.

Analogía que nos presenta el exilio posterior del pueblo judío que transcurrió entre el atardecer y el amanecer, como parte de nuestro viaje por esta tierra, el cual puede ser una larga noche de exilio (גלות, galut) hasta que aprendamos, al igual que los patriarcas, a dejar todo lo material que nos esclavice y salir de Egipto y sus alucinaciones, para seguirle conforme a Sus propósitos, siendo guiados hacia esas nuevas vivencias cotidianas, donde todas las circunstancias y entornos están llenos de SU presencia, la cual solo podemos reconocer al percibirnos como hijos.

Su palabra nos habla de este plan, incluso el mismo David en sus peores circunstancias nos lo reiteró, asegurándonos que, aun escondidos o sitiados por un ejército, como en su caso con Saúl, estamos protegidos por el Creador, si confiamos en su cuidado, por lo que Él mismo nos dará la salida. Todo nos indica que cada lugar o circunstancia, nos proyecta su amor y cuidado, por ende (Sela Hamajlecot) no debemos dejarnos dividir (Maḥlekot, de la raíz ḤLK, חלק) y menos resbalar, cuando en esas montañas ubicadas en la frontera divisoria que separaba los dos ejércitos con que batallamos a diario, podemos como David o Jacob encontrarle, confiando cada vez más en ese su plan y propósitos.

Cada nombre o lugar tiene una enseñanza para que, a través de esas etimologías, historias y simbolismos, podamos comprender el contexto en el cual se desarrollan nuestras vivencias, muchas de las cuales no tienen sentido si no nos proponemos trascender, de allí la importancia de percibir que Él nos aporta todos los insumos cual lecciones de vida para nuestro crecimiento, por lo cual muchas de estas vivencias redundan en la importancia no solo de creer en Él, sino sobre todo de creerle a Él, para disfrutar específicamente de su protección (הגנה, haganá), de su milagrosa guía y de su misericordia, esa que nos permite retornar al mejor lugar al que podemos aspirar: nuestra tierra prometida, nuestro Edén.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 10:16, “porque del Creador es la tierra y todo lo que hay en ella”.

Oremos en todo momento y en todo lugar.

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