
Mi Kabbala – Av 9, 5786 – Jueves 23 de Julio del 2026
¿Posesiones?
El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 8:17, “y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 18 Sino acuérdate de tu Creador, tu Señor, porque Él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”.
La relectura de la Biblia nos lleva a vernos recorriendo desde nuestra alma hacia Israel, entorno sagrado otorgado por el Creador como Su pueblo. Lo que llevado a las sagradas escrituras nos habla no solo de dicho territorio (Ktavim – כְּתָבִים), sino de nuestro Ser en busca de lograr a través de este escenario otro estadio vivencial, alejados de Egipto, espacio del cual el mismo nos rescató para que entendamos que como Sus hijos, solo somos mayordomos temporales de esta Su obra, en donde desarrollamos nuestra voluntad.
Así las cosas cuando se nos habla de Betania (Beit-Anya – בית עניה): “la casa de los pobres”, se hace referencia también más que a un lugar frente a la cima del Monte de los Olivos; a un llamado a atravesar “al otro lado del Jordán”. Si a ser bautizados por Su Espíritu para comenzar a entender Su reinado. El mismo que nos recuerda que le pertenecemos y que por lo tanto se nos llama a ser hijos humildes, preocupándonos menos por un ego que nos habla de posesiones temporales terrenales y no nos permite asumir que posición significa ser dignos de ser parte de Él.
Somos su tesoro peculiar, sgulah (סְגֻלָּה), su más preciada posesión. De allí que la raíz SGL nos indique, a través de expresiones como sagol (סגול), que significa púrpura, un color reservado para la ropa más lujosa del mundo antiguo, que somos su pueblo elegido y que le pertenecemos, por lo que esa tonalidad como manto de nuestro Señor nos reitera es que, nos debemos a Él, que aunque coexistimos en un mundo que aparenta estar sin Él, depende totalmente de Él, de sus mandatos, los mismos que al no seguir nos llenan mantienen sumidos en el caos del pecado, que sirve como llamado para buscar Su Luz.
Como creyentes, poco nos ocupamos por entenderlo, le despreciamos (Melitz, de la raíz LIZ, ליץ)) al no escucharlo y buscarle. Mal interpretamos Su Palabra hacia nuestras ilusiones egocéntricas, tal como hicieron los hermanos de José, que aún estando frente a él en Egipto no entendieron ese mensaje que nos llama es a superar todos los obstáculos que en ocasiones no reproducen nuestro ego, obviando lo preceptuado por Él en pro que logremos recurrir a nuestro facilitador de comunicación, su Santo Espíritu, para no dejarnos guiar por esos cientos de ruidos y ecos que quieren adecuar las Escrituras a su acomodo y que por lo tanto, no son dignos de confianza.
Valdría la pena que, entendiéndonos como su posesión (lirkosh – לִרְכּוֹשׁ), busquemos que nos lleve nuevamente a la tierra prometida del Edén, y allá podamos vivir en la nueva Jerusalén: el Paraíso, a Su lado, sabiéndonos parte importante de la creación: sus hijos. Por ende, bajo esa convicción, dejemos finalmente a un lado la búsqueda de posesiones materiales e intelectuales ilusorias y más bien permitamos disfrutar de ser Su tesoro más preciado, valorando Su amor, cubriéndonos con el manto púrpura en el que reconocemos ser de Él y, por lo tanto, vivir para Él.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:19, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;20 Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: 21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”.
Oremos para sabernos posesiones del Creador y por ende sus siervos.



