Back

Mi Kabbala – 2 Tishrei, 5787 – Sábado 12 de septiembre del 2026

¿Tiempo?

El Texto de Textos nos revela en Genesis 1:14, “Dijo luego el Creador: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.

Cada signo lingüístico nos irradia Su Luz (אור) fruto de la vibración de Su palabra, fluir universal que genera energía; lenguaje que, consolida nuestra realidad imaginaria a través de la cual se articulan nuestros movimientos. Secuencia temporal que gracias a nuestro libre albedrío hace que desconozcamos Su voluntad, cocreando desde nuestras mentes una serie de interacciones e interrelaciones que nos proyectan nuestras visiones e alucinaciones con respecto a la vida. Ideales que realmente nos descontextualizan de lo que es ser parte de Su obra y del propósito de integrarnos con Él a través de todo lo que fue creado en pro que nos supiéramos puntos de luz de Su obra.

Ilusión a la que denominamos tiempo (cronos), la cual moldea nuestros conocimientos, proyectándonos unas visiones en las que inconscientemente participamos, manteniendo nuestra esencia prisionera de esas ideas, las mismas que nos inducen a reproducir una perspectiva terrenal que sumida en nuestro corto escenario (Kairos: Zman, זְמַן) terrenal, nos lleva a obviar la eternidad, manteniéndonos en un estado en donde siendo parte del presente celestial nos percibimos desde un pasado o en las expectativas de un futuro que con sus causas y efectos nos desalinean y desarticulan de Él y lo creado.

La narración divina no obvia nuestros calendarios, solares de occidente o lunares judíos, pero si nos llama a ajustarnos a la eternidad de nuestra creación, que es la que nos va ayudando a despertar de este corto sueño terrenal que nos aísla. Es por ello que al humanarse nos demostró y manifestó que nuestros ciclos temporales se reiteran hasta que nos liberemos de esa esclavitud mundana alucinante: Egipto que requiere se nos guie por este desierto alucinante. Proceso de arrepentimiento (Aseret Iemei Teshuva, עשרת ימי תשובה) que rectifica el camino de retorno a nuestra morada celestial.

Somos atemporales, pero nuestras cuentas globales llenas de especulaciones no nos permiten entender que la muerte es el punto final de coincidencia con lo eterno. Así que, creamos o no en el Juicio que ella implica, debemos visualizarnos como creyentes en ese Shabat universal. Milenio (Guemar HaTikún, גמר), en el que salimos del sueño en el que caímos y que nos aferra a una secuencia temporal que nos hace experimentar otro tipo de realidad. Una egoísta y pecadora que se opone a Sus amorosos propósitos y a Su plan. Por lo que es el momento de dejar de distraernos con tantas alucinaciones.

Cada instante terrenal nos genera una oportunidad de sabernos hermanos (יהודים, Yehudim). Propuesta que nos coloca frente a esa línea de tiempo que como suma de puntos nos proyecta la eternidad, permitiéndonos aprender a través del amor de todo lo que en este mundo se nos ofrece. Se trata de integrarnos permanentemente a Él a través de esta Su obra, proceso diario en el que naceremos de nuevo ante la muerte y despertaremos a lo eterno, en donde proliferará la armonía con el todo. Amor hacia nosotros mismos, hacia esos hermanos y sobre todo, hacia el Creador gracias a compartir, aislándonos, pero de esas alucinaciones egoístas para disfrutar de Su verdad plena y eterna.

El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 3:8, “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”.

Oremos para que nuestros tiempos coincidan con los propósitos del Creador.  

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *