Back

Plan es… Redescubrirnos

Dia II.19. Jeshván 19, 5787 – 30.10.06

El 19 de Jeshván de 5787 corresponde al viernes 30 de octubre de 2026:  Preparación para el Shabat. Se trata de convertir la fe en una realidad cotidiana. Es importante recordar que el día judío comienza al atardecer: por eso, el 19 de Jeshván comienza la tarde del 29 de octubre y termina al anochecer del 30. Esa tarde se inicia el 20 de Jeshván, que coincide con el Shabat del sábado 31.

En el camino espiritual que venimos recorriendo, hemos considerado Jeshván como un tiempo de prueba interior: después de las grandes celebraciones del mes de Tishrei, regresamos a la vida ordinaria. Ya no estamos necesariamente rodeados de festividades, símbolos o experiencias extraordinarias. Nos encontramos ante las decisiones, las responsabilidades, las relaciones y los pensamientos que componen nuestra existencia.

Podemos formular la pregunta central de esta jornada de la siguiente manera:

¿Es capaz mi fe de transformar lo que hago cuando nadie me observa, cuando no siento una emoción especial y cuando las circunstancias no responden a mis expectativas?

Esta pregunta nos permite integrar la tradición bíblica, la Cábala, la gematría, el Talmud, el Zóhar y una lectura prudente de la astrología, sin confundir las enseñanzas espirituales con afirmaciones científicas ni convertir los símbolos en predicciones inevitables.

El propósito no es descubrir un supuesto destino escrito para este día, sino aprender a vivir con mayor conciencia de la voluntad del Creador.

Jeshván: el mes en el que la espiritualidad entra en la vida cotidiana

En la tradición judía, Jeshván suele distinguirse porque no contiene las grandes festividades bíblicas que caracterizan a Tishrei. De ahí surge una analogía espiritual muy valiosa: después de celebrar, hay que aprender a vivir lo celebrado.

Podríamos expresar esta transición en tres movimientos:

Tishrei: recordar, celebrar, renovar la intención y volver al Creador.

Jeshván: poner a prueba esa intención en las decisiones cotidianas.

Shabat: detenernos para reconocer que nuestra existencia no depende exclusivamente de producir, controlar o conseguir resultados.

No se trata de una división doctrinal rígida del calendario, sino de una lectura formativa de su ritmo.

Una analogía con nuestra vida occidental

En nuestro contexto colombiano, el día puede estar lleno de trabajo, obligaciones económicas, conversaciones familiares, compromisos sociales y preocupaciones por el futuro. Es fácil separar la espiritualidad del resto de la jornada: oramos en un momento y después actuamos como si nuestras decisiones no tuvieran relación con aquello que creemos.

Jeshván nos invita a superar esa separación.

Si creemos en la justicia, debemos practicarla cuando tenemos una ventaja sobre otra persona. Si hablamos de perdón, debemos revisar el resentimiento que conservamos. Si afirmamos confiar en el Creador, debemos aprender a distinguir entre la prudencia necesaria y el deseo de controlar absolutamente todo.

La verdadera prueba no consiste en sentir constantemente la presencia divina, sino en permitir que nuestra relación con Él transforme nuestra manera de tratar al prójimo.

La Cábala: transformar lo oculto en acciones concretas

La Cábala nos ofrece un lenguaje simbólico para explorar cómo la vida espiritual puede expresarse en el mundo material. Una de sus grandes preguntas es cómo pasar de la intención interior a una conducta que manifieste justicia, compasión y responsabilidad.

Para esta reflexión, podemos trabajar con tres dimensiones:

Jojmá (חָכְמָה): sabiduría

Es la capacidad de percibir una posibilidad de verdad. No basta con acumular conocimientos bíblicos; debemos aprender a reconocer qué exige una situación concreta de nosotros.

Biná (בִּינָה): entendimiento

Es el trabajo de examinar, desarrollar y discernir. Nos ayuda a diferenciar una convicción espiritual de un prejuicio personal, y una intuición de una conclusión que requiere pruebas.

Maljut (מַלְכוּת): manifestación o reino

En el lenguaje de las sefirot, representa la expresión y recepción de aquello que se hace presente en la realidad. Como analogía espiritual, nos pregunta si la sabiduría que afirmamos poseer llega a convertirse en una acción justa.

Estas asociaciones pertenecen al lenguaje interpretativo de la tradición mística judía; no son una fórmula que garantice resultados.

La enseñanza para el 19 de Jeshván

Podemos conocer las Escrituras, comprender sus interpretaciones y conversar extensamente acerca del Creador. Sin embargo, si ese conocimiento no transforma nuestras relaciones, todavía existe una distancia entre lo que profesamos y lo que vivimos.

Santiago 1:22 expresa una idea cercana desde la perspectiva del Nuevo Testamento: no basta con escuchar la palabra; es necesario ponerla en práctica.

La pregunta para este viernes es: ¿qué verdad espiritual que ya conozco necesita convertirse hoy en una decisión concreta?

Tal vez sea pedir perdón, cumplir una promesa, reconocer un error, escuchar sin interrumpir o renunciar a una ventaja que obtendríamos mediante la injusticia.

La madurez espiritual no se mide únicamente por la profundidad de nuestras explicaciones, sino también por la calidad de nuestras acciones.

La gematría: el número como instrumento de meditación

La gematría asigna valores numéricos a las letras hebreas. En algunas tradiciones judías se utiliza para establecer asociaciones interpretativas entre palabras, aunque una coincidencia numérica no demuestra por sí misma que exista una relación teológica o un mensaje divino.

Para el 19 de Jeshván podemos considerar dos elementos distintos: el número 19 de la fecha y la palabra hebrea Jeshván.

El número 19

Una fecha para revisar la integridad

El 19 no posee un significado espiritual universalmente establecido para esta fecha. Podemos adoptarlo como recordatorio personal para examinar la relación entre nuestras intenciones y nuestros actos.

La palabra Jeshván

חֶשְׁוָן · Escritura hebrea habitual

El nombre del mes procede de la tradición histórica de los nombres de los meses, asociados con el período del exilio babilónico. Su etimología no debe confundirse con una equivalencia numérica inventada.

En vez de asignarle al número 19 una profecía, podemos convertirlo en una práctica de revisión interior. Por ejemplo, preguntarnos al terminar la jornada:

¿Qué pensamiento dirigió mis decisiones?

¿Qué emoción me llevó a actuar de manera automática?

¿Dónde actué con generosidad?

¿En qué situación necesito corregir mi comportamiento?

La gematría resulta más fecunda para nuestro crecimiento cuando estimula el estudio y la reflexión, sin reemplazar la lectura contextual de las Escrituras.

El Zóhar y el agua: atravesar las pruebas sin perder la conciencia

Una de las asociaciones tradicionales de Jeshván es el diluvio de los días de Noé. Según Génesis 7–8, las aguas cubrieron la tierra y, posteriormente, comenzaron a retirarse. La tradición judía relaciona este episodio con el mes y también asocia Jeshván con el comienzo de las lluvias en la tierra de Israel.

Esta conexión permite construir una reflexión especialmente apropiada para el momento que estamos estudiando.

El agua tiene una doble capacidad en nuestra experiencia: puede sostener la vida y también convertirse en una fuerza que amenaza con desbordarlo todo.

De manera análoga, nuestras emociones son necesarias, pero pueden desbordarnos cuando perdemos la capacidad de reconocerlas y orientarlas.

La tristeza puede revelarnos una pérdida que necesita ser atendida. La ira puede advertirnos de una injusticia, pero también impulsarnos a cometer otra. El temor puede ayudarnos a prevenir un peligro real, aunque también puede encerrarnos en sospechas y anticipaciones sin fundamento.

Tres enseñanzas que podemos extraer

Primera: reconocer las aguas que nos desbordan.

Preguntémonos qué está ocupando excesivamente nuestra mente: el resentimiento, la ambición, la necesidad de reconocimiento, la preocupación económica o el deseo de tener siempre la razón.

Segunda: construir un arca interior.

El arca de Noé puede servirnos como analogía de una estructura interior sostenida por la fe, la prudencia, la disciplina y la responsabilidad. No significa huir de la sociedad, sino desarrollar recursos para atravesar las dificultades sin perder nuestros principios.

Tercera: comprender que la reconstrucción requiere tiempo.

Cuando las aguas retroceden, la vida no vuelve a organizarse instantáneamente. Del mismo modo, una reconciliación, una transformación del carácter o la recuperación de la confianza exigen constancia.

En una lectura mística inspirada en el Zóhar, podemos contemplar el movimiento desde las aguas que cubren la tierra hasta la aparición de un espacio habitable como una metáfora de la conciencia que aprende a ordenar sus fuerzas interiores.

No presentamos esta interpretación como una cita literal del Zóhar, sino como una aplicación espiritual de la narración bíblica.

El Talmud: la espiritualidad se demuestra en el trato al prójimo

En Shabat 31a, el Talmud de Babilonia relata la conocida enseñanza de Hilel a una persona que deseaba aprender toda la Torá mientras permanecía de pie sobre un solo pie. Hilel le respondió, en esencia, que no hiciera al prójimo aquello que le resultaba odioso, y añadió que lo demás debía estudiarse.

Esta enseñanza tiene una fuerza extraordinaria para nuestra reflexión.

Podemos estudiar la Cábala, la gematría, el Zóhar y las Escrituras, pero el conocimiento espiritual no debe convertirse en una razón para sentirnos superiores a los demás.

La persona que ha estudiado mucho puede seguir siendo impaciente. Quien habla de misericordia puede tratar con dureza a su familia. Quien defiende la verdad puede utilizarla como instrumento para humillar.

Por eso, el Talmud nos conduce de la teoría a la responsabilidad interpersonal.

Para este 19 de Jeshván, propongo tres ejercicios talmúdicos de aplicación cotidiana:

Antes de hablar: preguntarme si mis palabras son verdaderas, necesarias y respetuosas.

Antes de juzgar: considerar qué circunstancias desconozco de la otra persona.

Antes de exigir: revisar si estoy dispuesto a practicar la misma responsabilidad que reclamo de los demás.

La enseñanza de Hilel no elimina la necesidad de estudiar. Al contrario, nos impulsa a estudiar para comprender cada vez mejor qué significa tratar al prójimo con justicia.

Aquí encontramos una conexión profunda con Levítico 19:18, que ordena amar al prójimo como a uno mismo, y con Mateo 7:12, donde Jesús formula la regla de tratar a los demás como deseamos ser tratados.

Desde una perspectiva mesiánica, ambas tradiciones pueden dialogar en torno a una misma responsabilidad ética: nuestra relación con el Creador debe hacerse visible en nuestra relación con los seres humanos.

El Mes Silencioso: Jeshván es el octavo mes (ja-jódesh ha-sheminí) del calendario bíblico (contado desde Nisán). A diferencia del mes anterior (Tishrei), rebosante de festividades (Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot), Jeshván no contiene fiestas bíblicas. En la tradición se le llama a veces Mar-Jeshván (“Jeshván amargo” o “lluvioso”).

La Lección Espiritual: La Cábala enseña que mientras Tishrei es un mes donde la Revelación Divina desciende “desde Arriba”, Jeshván es el mes del trabajo interior autogenerado. Es el momento de tomar la elevación del mes anterior e integrarla en la cotidianidad de la vida ordinaria (la rutina, el trabajo, las decisiones privadas).

El Arquetipo Zodiacal (Mazal): El signo de Jeshván es Akráv (Escorpión). En la astrología hebrea y el Zóhar, el escorpión representa las profundidades, la necesidad de transformar el veneno o el instinto primario en sanación y luz (Tikún), y la búsqueda incansable de “agua” (sabiduría espiritual) para la tierra sedienta.

Decodificación del Día: 19 de Jeshván y el Número 19

Gematría y Simbolismo del Número 19

En la Cábala y la sabiduría de las letras hebreas:

El valor numérico de la palabra Chaváh (Eva – חוה) es 19 (). Eva es calificada en la Torá como Em Kol Jai (“Madre de toda vida”).

El número 19 se vincula con la fuerza generadora de vida, el discernimiento maternal, la empatía y la capacidad de gestar proyectos en lo oculto para dar a luz en el momento justo.

En el calendario hebreo, el ciclo metónico (intercalar meses para alinear la Luna con el Sol) se compone exactamente de 19 años. Por lo tanto, el 19 simboliza el equilibrio perfecto entre el aspecto lunar (las emociones, lo interno, la fe) y el aspecto solar (la acción, la lógica, el intelecto).

El Ciclo Semanal y la Víspera de Shabat

El 30 de octubre de 2026 cae en Viernes (Yom Shishi), el día en que la creación llega a su culminación antes de entrar en la paz del Shabat.

El Zóhar explica que los preparativos del viernes no son meramente organizativos, sino la unificación de Jesed (Bondad) y Gevurá (Fuerza/Disciplina) para recibir el nivel de la Shejiná (Presencia Divina).

Conexión Bíblica del Período: Parashát Vayeirá

De acuerdo con el ciclo anual de lectura de la Torá (Trienal/Anual), en la semana del 19 de Jeshván se lee la porción Vayeirá (Génesis 18:1 –El 19 de Jeshván (que en el calendario gregoriano corresponde al 30 de octubre de 2026) marca una coordenada temporal muy particular en la mística y la tradición judía.

Mientras que en el calendario occidental el mes de octubre camina hacia el cierre del año solar, en el ciclo hebreo Jeshván (a menudo llamado Marjeshván, “el amargo Jeshván”) ocupa el octavo mes del calendario espiritual. Es el único mes que no contiene festividades mayores ni ayunos nacionales, lo que le confiere una energía singular: no es un tiempo de celebración exterior, sino de integración interior.

A continuación, articulamos los aportes de la Cábala, la Gematría, el Zohar, el Talmud, las correspondencias bíblicas y la astrología hebrea para tu crecimiento integral.

El contexto del mes de Jeshván: La integración del ascenso

Tras las elevadas vivencias espirituales y la intensidad festiva del mes previo (Tishrei: Rosh Hashaná, Yom Kipur y Sukot), Jeshván llega como el terreno donde la luz teórica se transforma en acción cotidiana.

La Cábala y el Zohar: Enseñan que durante las fiestas se recibe una «Luz Máxima» (Ohr Makif), pero en Jeshván esa luz debe descender e impregnar el recipiente interior (Keli). Jeshván representa la “rutina sagrada”, el espacio donde se demuestra si las resoluciones espirituales de año nuevo echan raíces en la tierra de lo concreto.

Astrología Hebrea (Mazal): El signo de Jeshván es Escorpio (Akrab), asociado al elemento agua profunda y al proceso de transformación interior. Es un período propicio para descender a las zonas de sombra personales, sanar heridas emocionales y desenterrar el potencial dormido.

Analogía del día 19: El cruce entre el 19 y la creación

Reflexión desde la Gematría (19 = Chava / Eva)

En la numerología hebrea, el valor 19 equivale a la palabra Chava (חַוָּה), el nombre hebreo de Eva, cuya raíz significa “Madre de toda vida” o “La que da vida”.

Aporte para el crecimiento: El número 19 nos invita a conectar con la energía de la maternidad espiritual: la capacidad de gestar proyectos, nutrir relaciones con paciencia y cuidar la chispa vital de nuestro entorno. El día 19 es idóneo para dar a luz actitudes renovadas y asumir un rol protector respecto a nuestros dones individuales.

Analogía de la Creación (La suma )

El 19 se compone de  (la letra Yod, el punto semilla, la sabiduría suprema) y  (la letra Tet, el vientre que gesta el bien oculto). Unir el 10 y el 9 en el día 19 simboliza tomar la inspiración divina y llevarla a término a través de la constancia.

Conexiones Bíblicas y Talmúdicas de Jeshván

Las Aguas del Gran Diluvio (Mabul)

De acuerdo con la tradición del Talmud (Rosh Hashaná 11b), el diluvio en tiempos de Noé comenzó en el mes de Jeshván (el día 17).

Lectura interior: El agua representa tanto la purificación como el desbordamiento de las emociones. El período alrededor del 17-19 de Jeshván sugiere una oportunidad para limpiar estructuras caducas, liberarnos del ruido mental y permitir que las “aguas” de nuestra vida limpien lo que obstaculiza nuestro crecimiento.

El Templo de Salomón

El Primer Templo (Beit HaMikdash) construido por el Rey Salomón se completó en el mes de Jeshván (1 Reyes 6:38). Sin embargo, el Templo no se inauguró inmediatamente, quedando reservado para un tiempo futuro.

Aporte de introspección: Jeshván nos enseña que haber terminado una obra o proceso interno no siempre exige un reconocimiento público inmediato. Hay etapas en las que el valor reside en consolidar la estructura en silencio.

Observar los símbolos sin entregarles nuestro libre albedrío

En la asociación astrológica tradicional del calendario judío, Jeshván se vincula con Escorpio (Akrav, עַקְרָב). Esta correspondencia aparece en materiales de enseñanza sobre el calendario hebreo, aunque no todas las escuelas místicas interpretan las correspondencias de idéntica manera.

Podemos utilizar el símbolo del escorpión como punto de partida para una reflexión sobre nuestras reacciones defensivas, sin afirmar que el signo determine nuestra personalidad o nuestros acontecimientos.

La defensa y el temor

El escorpión nos invita simbólicamente a preguntarnos cuándo nos protegemos de un peligro real y cuándo reaccionamos como si toda diferencia fuera una amenaza.

La fuerza que necesita dirección

La energía interior puede ayudarnos a perseverar, pero también puede convertirse en obstinación. La madurez consiste en aprender cuándo debemos sostener una convicción y cuándo debemos corregirla.

Para un creyente, esta analogía no debe transformarse en fatalismo. Las decisiones éticas no quedan justificadas por un signo zodiacal, y ninguna configuración astrológica permite establecer de manera fiable qué acontecimientos personales ocurrirán en una fecha determinada.

La pregunta espiritual no es «¿qué me sucederá porque estamos en Escorpio?», sino:

¿Cómo puedo responder con sabiduría, en vez de reaccionar desde el miedo, la herida o el orgullo?

Esa es una manera de emplear el simbolismo astrológico como recurso de introspección, subordinándolo a la responsabilidad personal y a los principios que encontramos en las Escrituras.

La preparación para el Shabat: aprender a detener el deseo de controlarlo todo

El viernes 30 de octubre tiene una particularidad: el 19 de Jeshván coincide con la víspera del Shabat, que comienza al atardecer. En la tradición judía, el Shabat no es simplemente un descanso físico, sino un tiempo sagrado que transforma la relación con el trabajo, la creación y la dependencia del Creador.

Esta circunstancia nos permite integrar los temas anteriores.

La Cábala nos ha ayudado a pensar en la manifestación de la sabiduría. La gematría nos ha ofrecido un ejercicio de revisión. El relato de Noé nos ha invitado a ordenar nuestras emociones. El Talmud nos ha recordado la responsabilidad con el prójimo. El símbolo de Escorpio nos ha llevado a observar nuestras defensas.

El Shabat nos invita ahora a detenernos y preguntar: ¿puedo reconocer mis límites sin sentir que estoy perdiendo el control de mi vida?

En nuestra cultura occidental, el valor personal suele confundirse con la productividad. Siempre parece haber algo pendiente: ganar más, responder más rápido, conseguir un nuevo resultado o resolver anticipadamente cada dificultad.

Pero descansar también puede ser un acto de humildad. Nos recuerda que somos responsables de nuestras acciones, aunque no seamos dueños absolutos de todos los resultados.

Para quien practica el Shabat, esta preparación puede expresarse en el descanso, la oración, el estudio, la comida compartida y la reconciliación familiar, de acuerdo con su tradición y sus posibilidades.

Para quien no lo observa religiosamente, puede seguir siendo una oportunidad para recuperar la atención, compartir con los seres queridos y reconocer que la vida posee un valor que trasciende el rendimiento económico.

Para profundizar de manera personal, puedes meditar en estas preguntas. No es necesario responderlas todas; lo importante es que alguna de ellas te conduzca a un cambio real.

¿Qué aspecto de mi vida espiritual permanece todavía en el terreno de las palabras?

Identifica una enseñanza que conoces, pero que aún no practicas con constancia.

¿Qué emoción suele gobernar mis decisiones cuando me siento amenazado?

Reconoce el detonante, observa tu reacción habitual y busca una respuesta más consciente.

¿Estoy tratando al prójimo con la misma consideración que reclamo para mí?

Examina una relación concreta y determina qué puedes mejorar sin esperar a que la otra persona cambie primero.

¿Qué necesito dejar de controlar para vivir con mayor confianza en el Creador?

Distingue entre tus responsabilidades, que debes atender, y los resultados que no dependen enteramente de ti.

Si reunimos las enseñanzas de este día, aparece una idea que conecta la Torá, la tradición mística judía y el mensaje de Jesús: la transformación interior debe producir frutos visibles en la vida cotidiana.

La sabiduría sin práctica permanece incompleta. La fe sin responsabilidad hacia el prójimo pierde su expresión concreta. La emoción sin discernimiento puede conducirnos a decisiones precipitadas. Y el esfuerzo sin descanso puede hacernos olvidar que la vida no se reduce a nuestros logros.

Para encarnar estos aportes en el día a día (bajo la visión del calendario occidental), puedes enfocar este día a través de cuatro pilares:

                          [ 19 DE JESHVÁN ]

                                 │

    ┌────────────────┬───────────┴───────────┬────────────────┐

    ▼                ▼                       ▼                ▼

 MENTE          EMOCIONES                 ACCIÓN           ESPÍRITU

 Silencio &      Sanación &              Estructura &     Transformar

 Contemplación   Gestar Vida (19/Eva)    Rutina Sagrada   Sombra en Luz

 Nivel Mental (La luz en lo cotidiano)

Acción: No busques grandes revelaciones místicas fuera de lugar; encuentra lo sagrado en las tareas ordinarias. Haz de tu labor diaria un acto de meditación activa.

Nivel Emocional (Canalizar la energía de Escorpio/Agua)

Acción: Identifica un resentimiento o patrón emocional recurrente e inicia un proceso de perdón o soltar. Permite que las “aguas” de Jeshván limpien el estancamiento.

Nivel Relacional (La energía de Chava / 19)

Acción: Nutre a alguien en tu entorno. Ya sea mediante una palabra de aliento, apoyo concreto o presencia atenta, ejerce la virtud de ser un “canal de vida” para otros.

Nivel Espiritual (Mística y Oración)

Acción: Dedica un tiempo a la oración personal serena (Hitbodedut). Pide sabiduría para sostener las decisiones de superación personal a lo largo de todo el ciclo que avanza.

Nuestro PLAN es…

Propongo convertir esta reflexión en una jornada de cinco ejercicios concretos.

Al comenzar el día — Examinar la intención

Dedica unos minutos a preguntarte qué motivación dirige tus decisiones. Identifica una intención que quieras mantener presente durante toda la jornada.

Durante la mañana — Practicar la justicia

Realiza una acción concreta de consideración hacia alguien: cumple una obligación, escucha sin interrumpir o reconoce el mérito de otra persona.

Durante la tarde — Ordenar las aguas interiores

Reconoce una emoción intensa antes de actuar bajo su influencia. Distingue lo que sabes de lo que supones y decide cuál es la respuesta más responsable.

Antes del atardecer — Restaurar un vínculo

Si es oportuno, conversa con alguien con quien exista una distancia. No necesitas resolverlo todo en una sola conversación; puedes comenzar por escuchar o reconocer tu propia responsabilidad.

Al llegar la noche — Soltar el control

Dedica un momento a la oración, la gratitud y el descanso. Si observas el Shabat, prepara su recepción conforme a tu tradición. Recuerda que no todo tiene que quedar resuelto hoy.

Este día nos recuerda que el verdadero progreso espiritual no se mide en momentos de éxtasis o festividad, sino en la fidelidad con la que encarnamos la luz en los días ordinarios. El 19 de Jeshván es una invitación a gestar vida interior, transformar las emociones profundas y edificar en silencio el templo de nuestro propio ser.

Creador de la vida y fuente de toda sabiduría:

Ayúdame a llevar a mis acciones aquello que he aprendido en tu Palabra. Enséñame a reconocer las emociones que me desbordan, a corregir mis errores sin orgullo y a tratar a cada persona con justicia y misericordia.

Que no busque señales para evitar mi responsabilidad, ni conocimiento para sentirme superior a los demás. Dame discernimiento para distinguir lo verdadero de lo que solamente deseo creer, humildad para aceptar mis límites y fortaleza para actuar correctamente aun cuando nadie me observe.

Que las aguas de mis preocupaciones no apaguen la luz de mi conciencia. Que mi hogar, mi trabajo y mis relaciones se conviertan en espacios donde la fe produzca frutos de paz, generosidad y reconciliación.

Al acercarme al Shabat, enséñame a descansar sin abandonar mis responsabilidades, a confiar sin caer en la pasividad y a reconocer que no tengo que controlarlo todo para caminar contigo.

Que mi conocimiento se convierta en sabiduría, mi sabiduría en conducta y mi conducta en bendición para quienes me rodean.

Amén.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *