
Mi Parashá – Génesis 27:21
El versículo comienza con “וַיֹּאמֶר יִצְחָק” (Vayomer Yitzchak, “Entonces dijo Isaac”), destacando el acto de hablar. En la cábala, el acto de hablar es una manifestación de la energía interna que se convierte en realidad. Isaac está tratando de usar su capacidad sensorial restante (el tacto) para discernir la verdad en ausencia de la vista. Esto refleja la capacidad de ir más allá de lo evidente y utilizar el discernimiento espiritual.
La palabra “גְּשָׁה” (geshah, “acércate”) proviene de la raíz hebrea “נגש” (nagash), que significa acercarse, pero también sugiere la idea de conexión. En la cábala, acercarse no es solo un acto físico, sino una invitación a conectar y a percibir la esencia de la otra persona. Isaac quiere percibir la verdad que está más allá de la apariencia externa de Jacob. Al acercarse, hay una transferencia de energía y una oportunidad de “sentir” la verdad en un nivel más profundo.
La palabra “וַאֲמֻשְׁךָ” (ve’amushkha, “para que te toque”) tiene connotaciones de contacto directo. En la cábala, el tacto es una de las formas más directas de percibir la realidad de algo o alguien. Isaac, al no poder ver, depende del tacto para intentar discernir la verdadera identidad de Jacob. Esto nos enseña que, cuando no podemos ver claramente en la vida, debemos recurrir a otras formas de percepción para obtener claridad, como la intuición o la sabiduría interna.
La expresion acércate, גְּשָׁה (geshah), tiene un valor gemátrico de 308 (Gimel=3, Shin=300, He=5), que está relacionado con la palabra “אָשֵׁר” (Asher, “felicidad” o “bienaventuranza”). Esto sugiere que el acto de acercarse no es solo para percibir, sino que también implica un acercamiento hacia la bendición y la alegría. Isaac está buscando asegurarse de que la bendición que está a punto de otorgar fluya a la persona correcta.
Jacob, יַעֲקֹב (Ya’akov), tiene un valor gemátrico de 182 (Yod=10, Ayin=70, Qof=100, Bet=2), que se asocia con el nombre del Creador: Elokim (86), multiplicado por dos. Esto simboliza la doble conexión de Jacob con el propósito divino: su conexión tanto como hijo de Isaac como receptor de la bendición destinada a la continuidad del linaje espiritual.
Esaú, עֵשָׂו (Esav), tiene un valor gemátrico de 376 (Ayin=70, Shin=300, Vav=6), que se asocia con la palabra “שָׁלוֹם” (shalom, “paz”). Esto puede verse como una paradoja, ya que aunque Isaac sospecha que hay un engaño, el propósito final es la paz y la armonía en el linaje de Isaac, asegurando que la bendición se transfiera correctamente.
Este versículo refleja la búsqueda de la verdad más allá de las apariencias externas. Isaac, a pesar de su ceguera física, está tratando de percibir la verdadera identidad de la persona que está frente a él. La cábala nos enseña que, cuando la vista (la capacidad de ver lo evidente) falla, debemos recurrir al tacto, que representa la percepción directa e intuitiva de la realidad. Esto implica que cuando no podemos confiar en lo que vemos, debemos usar nuestra intuición y sensibilidad para percibir la verdad.
La invitación de Isaac a Jacob para acercarse es también una metáfora del acercamiento espiritual. A veces, necesitamos acercarnos más a las personas o a las situaciones para entender verdaderamente su esencia. Este acercamiento es un acto de conexión y de apertura, que nos permite ir más allá de lo superficial y percibir lo que está oculto.
Este versículo nos invita a reflexionar sobre la importancia de la percepción profunda y el discernimiento espiritual. Nos enseña que, cuando no podemos confiar en nuestros sentidos físicos, debemos desarrollar nuestras capacidades internas para percibir la verdad. También nos recuerda que la verdadera identidad de una persona no siempre se revela en la apariencia externa, sino que a menudo se encuentra oculta bajo capas de contexto y circunstancias.



