
Mi Parashá – Génesis 27:23
El versículo comienza con “וְלֹא הִכִּירוֹ” (velo hikiró, “Y no lo reconoció”), destacando la incapacidad de Isaac para distinguir la verdadera identidad de Jacob. En cábala, el verbo “הִכִּיר” (hikir, “reconocer”) implica más que una simple percepción sensorial. Se refiere a la capacidad de discernir la esencia y la verdad interior de alguien. Isaac, a pesar de su ceguera física, está intentando reconocer a la persona que tiene delante, pero la apariencia externa (las manos velludas) le impide ver más allá. Este versículo sugiere la dificultad de ver la verdad cuando está cubierta por una envoltura externa engañosa.
La razón que se da para esta confusión es “כִּי הָיוּ יָדָיו כִּידֵי עֵשָׂו אָחִיו שְׂעִרֹת” (ki hayu yadav kiyedei Esav ajiv se’irot, “porque sus manos eran velludas como las manos de Esaú, su hermano”). Las manos velludas simbolizan la naturaleza física y terrenal de Esaú, quien está asociado en la cábala con el dominio de la materia y la acción. Al asumir esta apariencia, Jacob se reviste de la energía de Esaú, de la capacidad de actuar en el mundo material y de ejercer dominio sobre lo físico. Esto nos enseña que a veces la apariencia externa puede asumir un rol necesario para cumplir un propósito espiritual superior.
El versículo finaliza con “וַיְבָרְכֵהוּ” (vayevarechehu, “y lo bendijo”), subrayando que, a pesar de la confusión, la bendición se otorga. La bendición es una transferencia de energía y potencial espiritual que fluye desde Isaac hacia Jacob, asegurando la continuidad de la misión y propósito espiritual que Jacob está destinado a llevar adelante. La bendición se produce incluso cuando la verdad no es completamente reconocida, lo que sugiere que las bendiciones y las transmisiones espirituales están guiadas por un plan divino que trasciende las apariencias.
“y no lo reconoció”, וְלֹא הִכִּירוֹ (velo hikiró), tiene un valor gemátrico de 318 (Vav=6, Lamed=30, Alef=1, He=5, Kaf=20, Yod=10, Resh=200, Vav=6, Alef=40), que está asociado con la palabra שֵׁם (shem, “nombre”), que en cábala representa la esencia y la identidad. La incapacidad de reconocer a Jacob refleja la dificultad de ver más allá del “nombre” o la identidad externa que alguien asume temporalmente.
“Sus manos” יָדָיו (yadav), tiene un valor gemátrico de 30 (Yod=10, Dalet=4, Yod=10, Vav=6), que se relaciona con la letra hebrea “ל” (Lamed), que simboliza “enseñanza” o “guía”. Las manos, al ser símbolos de acción y poder, sugieren que, en este momento, Jacob está siendo guiado por un propósito superior, el cual requiere que asuma una apariencia externa diferente a su verdadera esencia.
“velludas” שְׂעִרֹת (se’irot), con un valor gemátrico de 670 (Shin=300, Ayin=70, Resh=200, Tav=400), que está relacionado con la palabra עָרוֹם (arom, “desnudo” o “despojado”). Esto nos recuerda que, aunque las manos de Jacob están cubiertas de pieles velludas, su verdadera esencia permanece “desnuda” o revelada en su interior. La verdadera identidad de Jacob no se ve afectada por esta cubierta externa.
Este versículo destaca la dificultad de discernir la verdad cuando la apariencia externa está diseñada para confundir o engañar. En la cábala, esto se interpreta como una lección sobre la importancia de ver más allá de las apariencias. A menudo, en la vida, nos encontramos con situaciones o personas que no se presentan tal como son en esencia, y debemos desarrollar la capacidad de discernir la verdad interna, incluso cuando la apariencia externa es contradictoria.
La bendición que Isaac otorga a Jacob a pesar de la confusión sugiere que, en última instancia, el propósito divino se manifestará, incluso si las circunstancias externas parecen complicadas o engañosas. La cábala nos enseña que todo lo que sucede en el mundo físico tiene una razón espiritual, y que incluso las acciones que parecen ser engañosas o inadecuadas en un nivel superficial pueden estar cumpliendo con un propósito superior y profundo.
Este versículo nos invita a reflexionar sobre la importancia de desarrollar nuestra capacidad de discernimiento y percepción espiritual. Nos recuerda que, aunque a veces la verdad esté oculta bajo capas de apariencia y confusión, debemos confiar en que el propósito divino siempre se manifestará. Además, nos enseña que, a pesar de las apariencias externas, la esencia interna de una persona o situación siempre permanece intacta y conectada con lo divino.
El versículo nos muestra la dificultad de reconocer la verdad cuando está cubierta por una apariencia externa diferente. La cábala nos enseña que las verdaderas bendiciones y conexiones espirituales a menudo se manifiestan incluso cuando no podemos ver la verdad claramente. Este versículo nos invita a desarrollar una percepción más profunda, a no dejarnos llevar por las apariencias externas y a confiar en el plan divino que guía nuestras vidas, incluso cuando no podemos reconocerlo plenamente en el momento.



