
Mi Kabbala – Jeshván 27, 5787 – Sábado 7 de noviembre del 2026
¿Tinieblas?
El Texto de Textos nos revela en Daniel 2:22, “Él es quien revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y la luz mora con Él”.
El concepto de tsimtsum (צמצום) nos habla de una autolimitación del Creador para permitir nuestra existencia, visión que reproduce distintos criterios producto de las tonalidades de Su Luz, la cual incluye esa oscuridad que como velo oculta Su presencia, propiciando un reflejo que nos permite conocernos y reconocernos gradualmente como al convertir esa Luz en imaginarios que al mover nuestra voluntad generan un mundo de la acción que vibra con Su Palabra, la misma que posibilita la autolimitación de nuestro lenguaje para poder recrearnos en Su obra.
Contracción que como fuerza divina divide la creación en potencia y acto, energía que se traduce incluso en la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, conceptos que nos llevan a expresiones como af (אַף), que interpretadas como constricción nos hablan de una auto regulación personal, en donde los espejismos y las alucinaciones egoístas de nuestra oscuridad no desvían de esa intenciones de integrarnos, necesitando por ende de Su guía en pro de reorientarnos frente a esa desconexión inconsciente con Él. Ceguera espiritual que cogobierna nuestras percepciones y deseos.
Lo que percibimos como tinieblas (afela, אפלה) y que llena nuestros corazones de temores, es en realidad un llamado a buscar Su Luz y Su Amor, con el propósito de trascender de nuestro mundo limitado hacia el infinito. Proceso que nos invita a interiorizar Su guía y aprendizajes. Los mismos que se presentan como desafíos cotidianos, que explican el por qué nuestra luminosidad interior, siendo necesario que la oscuridad como dimensión imaginaria nos otorgue esa libertad de acercarnos o alejarnos de Él a través de esta Su obra, siendo este plano terrenal el mejor escenario de crecimiento integral.
Profetas como Miqueas (Mikyah, מִכיָה) nos instan a integrarnos al todo a través de nuestros prójimos, ya que somos fragmentos de la esencia lumínica divina, siendo esas interacciones, las que le dan a las vibraciones de Sus chispas de Luz la posibilidad de iluminar nuestros caminos. Proceso interior que nos lleva a entender que lo exterior es tan solo un espejismo, en donde nuestra alma logra hacerse consciente de su verdadera esencia. Dejemos de divagar en un mundo que percibe esos entornos como tenebrosos cambiando nuestra sesgadas interpretaciones para percibir todo desde Su Luz.
Desde que Eva aceptó el atajo que le mostró la serpiente para sentirse como el Creador, los humanos nos alimentamos del conocimiento del mal. Aprendizajes que nos hacen digerir los frutos del árbol prohibido. Esos que nos vinculan con esas tinieblas engañosas y sus espejismos, recordándonos nuestra separación de Él y la necesidad de trabajar interiormente para ascender por esas dimensiones que coexistiendo con nosotros no reconocemos. Principios y valores existenciales que como camino (sefirot), nos presentan Sus revelaciones, en pro de retornar a Su lado (deveq, דבק), siendo eso si necesario el trasegar estos asumiendo Sus virtudes para iluminar nuestro trasegar.
El Texto de Textos nos revela en Hebreos 1:3, “El Hijo es el resplandor de la gloria del Creador, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas”.
Oremos para que se iluminen nuestras oscuridades.



