
Mi Kabbala – Adar 14, 5786 / Martes 3 de marzo del 2026.
El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 2:3 “entonces me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se ha rebelado contra mí; ellos y sus padres se han levantado contra mí hasta este mismo día”.
Nuestro cuerpo tiene una cabeza, que contiene unos lóbulos cerebrales en donde nos ubicamos mentalmente: pensamientos, que con sus imaginarios se proyectan para que nuestra alma, en unidad (אֶחָד, echad) use este vehículo para integrarse con Él. Trinidad, que como analogía nos lleva a ser padres, hijos; una familia, una iglesia, por lo que no podemos seguirnos percibiendo como entidades separadas, cuando somos uno con el Creador, quien es nuestro Padre y dador de la vida. Somos sus hijos y Él se humano a través de nuestro Señor Jesucristo para allanarnos el camino de retorno, trilogía, que nos presenta Su Espíritu como el canal que nos comunica con nosotros, los otros y Él.
Asimilar que Él es la revelación misma de ese Padre (abba, אב) como a la vez, visionar al Espíritu Santo como un único ser; en unidad, es entender que el Creador lo es todo y que está íntimamente vinculado a nosotros. Se trata de quitarnos ese velo que nos separa de Él para iluminar nuestro entendimiento gracias a Su Haz de Luz, el cual toca nuestro interior para darnos una mayor claridad en pro que nuestros estrechos conocimientos humanos, nos permitan reconocernos como esos hijos que necesitando de Su guía van transformándose, al sabernos parte de toda una obra, creada por Él para nosotros.
Al releer Su Palabra nos queda más que claro que aquello aparentemente imposible como que Él se humanara, se da para nuestro rescate, haciéndose a nuestra imagen para que renovemos (חָדַשׁ, kjadásh) esos pensamientos y lenguaje, permitiendo unos nuevos imaginarios, que gracias a las chispas de luz de las letras de Su palabra, nos iluminan, razón de peso para que Su Espíritu sea quien nos puede liberar de nuestras confusiones e interpretaciones sesgadas, esas que solo nos distancian aun más de Él, fruto de seguirnos llenando de desinformaciones y especulaciones.
Se trata de aceptar por fe su salvación, orando, para que Él mismo nos revele (חֲשִׂיפָה, Jasif), estos y otros misterios. Datos, que podemos encontrar en el Texto Sagrado, el mismo que nos invita a vivir en armonía, a amarnos los unos a los otros, a quitarnos ese ego engañoso para iluminar nuestra conciencia y así todo aquello que se mantenía oculto ahora nos acerque al Creador, provocando con cada nuevo descubrimiento unas nuevas relaciones para nuestras coexistencias en donde lo prioritario sea el obedecerle.
Mientras sigamos mal usando el nombre de nuestro propio Creador para nuestras búsquedas personales, desconociendo el amor del Hijo y su misericordia para borrar nuestros pecados y acercándonos incorrectamente al Espíritu Santo, simplemente no lograremos integrarnos a esa realidad aparentemente oculta (סָתַר, sathar), que difiere por su interpretación en cada ser humano, pero que en términos generales nos debe integrar al único propósito verdadero, lo cual tiene que ver con tener una relación profunda con nuestro Creador entregándole nuestra voluntad para retornar eternamente a Su lado.
El Texto de Textos nos revela en Lucas 5:24, “pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.
Oremos para que cada lectura bíblica nos acerque más y más a Él.



