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Mi Kabbala – Av 20, 5786 – Domingo 2 de agosto del 2026

¿Traducciones?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 10:17, “Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama, que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinos. 18 La gloria de su bosque y de su campo fértil consumirá totalmente, alma y cuerpo, y vendrá a ser como abanderado en derrota”.

Los eruditos hebreos aún lloran al considerar que la Biblia hebrea auténtica se haya traducido a tantos idiomas, ya que ellos creen que, fruto de ello, se perdió la esencia de los significados profundos de algunas de las enseñanzas allí plasmadas, muestra de ello es que la primera palabra del libro del Génesis, bereshit (בְּרֵאשִׁית): “en el principio”, no se interpreta desde la contracción divina y por el contrario, se nos confunde en su significado haciéndonos suponer en ocasiones que venimos de la nada.

La cábala y la guematría nos ayudan al estudiar los signos lingüísticos: ber-e-shit (bar, בר significa “hijo”, alef א, “Elohim”, Creador, y shit שית, “cardo” o “arbusto espinoso”, que producto del verbo: el hijo del Creador, somos y que Él nos rescató de las espinas, predicción del sufrimiento deparado a nuestro Señor Jesucristo por nuestra desobediencia. Redención de un mundo roto que nos llama a buscar otro fin: el retornar a nuestro estado original al reconocernos como Su esencia, siendo Su perdón el que nos garantiza que tuviéramos un principio y sobre todo un final redimido.

Cada signo lingüístico divino nos da datos, ideas, conocimientos, enseñanzas y revelaciones para ser guiados hacia ese final a Su lado, lo que nos proyecta esa Su palabra: manual de vida que, nos denota el por qué esos profetas nos hablaron no solo de Su Espíritu sino de unos ángeles que como partes de la creación nos reiteran esos mensajes en donde se nos llama a confiar: El (אל) fuerza que nos da Él. fe que nos llama a dejar de confundirnos en nuestros burdos lenguajes que, desde Babel, solo nos ofrecen sesgadas traducciones y más distorsiones alejándonos de Su presencia.

Ángeles como Gabriel son enviados para dar buenas noticias a los justos, como lo leemos cuando el padre de Juan el Bautista, Zacarías (זְכַרְיָה, Zechariah), al estar sirviendo como sacerdote en el Templo, es visitado por este para darle dicho mensaje, ese que recibimos de distintas formas, pero que como Isabel, su esposa, no creemos ya que, distraídos en nuestras propias penumbras, anhelamos esas visitas milagrosas desde nuestras expectativas mercantiles, obviando que todo se mueve en este mundo debido a la vibración y luz de la palabra creadora la cual nos encamina a ese final a Su lado.

Isabel (אֱלִישֶׁבַע, Elisheva), por ello olvidó el cómo Él responde a nuestras peticiones y quizá por ello como ella terminamos interpretando las señales que Él nos da, a través de nuestras propias vivencias, de tal forma que solo ratificamos nuestra desconfianza en Él. Razón de peso para aceptar que estamos predestinados a salvarnos, a ser guiados por el Espíritu Santo, quien nos dará la claridad absoluta para poder comprender los mensajes que nos envía a diario el mismo Creador, algunos confirmados por cientos de seres celestiales y justos que, en este mundo se nos disfrazan al punto que no les reconocemos en los entornos en donde mal presuponemos no podremos encontrarnos con Él.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 1:18, “dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. 19 Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas”.

Oremos para interpretar correctamente cada mensaje del Creador.

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