
Mi Kabbala – Av 21, 5786 – lunes 3 de agosto del 2026
¿Nombres?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.
Todos tenemos un nombre (שֵׁם, shem) y aunque en la mayoría de los casos este ha sido dado por nuestros padres u otros familiares, algunos creyentes sostienen que son los ángeles quienes intervienen en ese proceso. Su tarea es irradiarnos esos mensajes que alaban al Creador. Recordatorio de Su existencia, que le pertenecemos. Llamados que, se entienden como mini-plegarias que nos reconectan e identifican con nuestro Dador. Sus revelaciones llevan implícitas la invitación permanente de reconocernos como sus hijos, como partes integrales y fundamentales de la Creación.
Perspectiva que es más fácil de comprender al analizar la traducción etimológica de algunos de sus nombres y que gracias al hebreo nos renuevan esa visión. Miguel es Mikhael (Mi מי + Ka-El כאל: “¿Quién es como el Creador?”); Gabriel es Gavriel (Gavar גבר + El אל: “El Creador es poderoso”); Elizabeth es Elisheva (Eli אלי + Sheva שבע: “Comprometida con mi Creador”); Zacarías es Zekhariah (Zechar זכר + Ya יה: “El Señor ha recordado”); Juan es Yokhanan (Yah יו + Hanan חנן: “El Señor es misericordioso”); y José es Yosef (Yo יו + Sef סף: “El Señor aumentará”), solo por citar algunos ejemplos.
Llamados que denotan esa necesidad de mantener una relación permanente tanto de esos seres angelicales como humanos, invocando a través de estos nombre Su protección y guía. Costumbre, que deberíamos mantener gracias a aquellos ancestros que llamaron a sus hijos desde esas visiones, buscando que atender esos atributos dados por nuestro Creador: YHWH (יהוה o El אל). Dones que nos incitan a cumplir con ese plan celestial de integrarnos a Él a través de esta Su obra, irradiando Su luz y Su palabra, con el solo hecho de que alguien piense en nosotros a través de esta denominación.
Todo nos habla de nuestro Señor Jesucristo, quien desde su padre terrenal, José, fue anunciado por un ángel quien ratifico las profecías que hablaban de María, quien concebiría y daría a luz un hijo fruto del Espíritu. Mesías que llevaría un segundo nombre: Emanuel el cual aparece por primera vez en las revelaciones de Isaías, quien vivió siete siglos antes de Èl y quien tomando estos mensajes celestiales anuncio no solo ello, sino que con ese llamado Imanu-El עִמָּנוּ אֵל, que en hebreo significa “Él está con nosotros”, tendríamos la redención y salvación que tanto anhelamos.
Emanuel, como nombre sacrosanto, reúne las cualidades terrenales y celestiales. Y como llamado que no se promulgó para no enfrentar a las autoridades judías, que no toleraron verle como el Mesías (מָשִׁיחַ”, Mashíaj) o ungido, nos dice a los creyentes que el Cristo, es nuestro Creador humanado quien dejó todas las señales para nuestro retorno. Nombre sagrado YHWH, que nos recuerda además que como verbo, nos comunica Su Salvación a través de nuestras vivencias. Llamado a buscar el profundo significado de nuestras vidas a través de Su redención, anhelando así que a través de nuestras acciones y oraciones nos comuniquemos con Él, con el solo hecho de atender sus mensajes y revelaciones.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 3:5, “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.
Oremos para que el Creador abra nuestros ojos para aumentar nuestra fe.



