
Mi Kabbala – Av 24, 5785 – Lunes 18 de agosto del 2025
¿Propuestas?
El Texto de Textos nos revela en Levítico 26:33, “a vosotros, sin embargo, os esparciré entre las naciones y desenvainaré la espada en pos de vosotros, y vuestra tierra será asolada y vuestras ciudades quedarán en ruinas”.
La Biblia está plagada de promesas y juramentos (shvu’at, שְׁבוּעַת־), sin embargo, nuestras sesgadas traducciones convierten todo en expectativas contradictorias, por ello, nuestra diáspora o diseminación como pueblo solo muestra los efectos de nuestras desobediencias, esas que, como creyentes explican cómo el mismo pueblo escogido no solo tuvo que vivir la destrucción del primer y segundo Templo de Jerusalén, sino también ser dispersado de Israel, llevándolos por todo el mundo con la promesa de que Sion, como tierra prometida, la cual se les devolvería una vez retornaran a ser guiados por la Palabra del Creador.
Tierra que se les entregó según esas sagradas escrituras (כתבי הקודש, Kitvei HaKodesh), y la cual algún día disfrutarán plenamente, sin embargo, está claro para ellos, como también para nosotros los creyentes, que son nuestras costumbres paganas las que nos distancian cada vez más de Él, por lo que, en vez de seguir buscando llenarnos de más ídolos, deberíamos aprender de todas esas circunstancias adversas que nos han acontecido por siglos y que como llamados de atención, nos reenfocan en obedecer sus preceptos y mandatos, ya que es imposible que Él haga más por nosotros, habiéndose humanado.
Después del retorno de buena parte del pueblo a Israel en 1948, aunque ellos anhelan la reconstrucción del Templo de Jerusalén (בֵּית הַמִּקְדָּשׁ, Beit HaMikdash), y trabajan mundialmente tras esos propósitos a la espera del Mesías, está claro para todos que se necesitan solo ese amor y fe que nos integre, lazos espirituales que a diferencia de lo material que nos sofoca, nos manifestará otras costumbres, alejadas de esas tradiciones milenarias confusas que heredamos y que se contraponen a esa visión de ser guiados por la Palabra y sus sabios lineamientos en pro de ese retorno a nuestro Edén.
Aliyá (עֲלִיָּה), en hebreo, significa “ascender”, es decir, inmigrar a la tierra de Israel, expresión que para nosotros, como cristianos debe ser una invitación a integrarnos al amor que predicó nuestro Señor Jesucristo para con todos esos próximos y que a través de nosotros, necesitan ese mensaje de misericordia en pro que todos ascendamos desde este aquí y ahora a ese estado de plenitud que sirve de preámbulo al Reino, en donde todos obedeceremos al Creador dejándonos guiar por Él y su Santo Espíritu, proceso que nos llama a predicarle a través de nuestro sano ejemplo.
Israel como tierra prometida y el sionismo forman parte de las promesas del Creador para su pueblo, pero a la vez para todos los creyentes, dicha Tierra Prometida no se encuentra en este plano terrenal por lo que el principal templo a reconstruir es nuestro propio ser, el cual no vivirá en la Jerusalén terrenal sino en la celestial, esa que debe renacer desde nuestro ser interior para permitir así que nuestra alma se encuentre allí con el Espíritu del Creador, reintegrándonos a esa esencia de la cual nos hemos fragmentado y que clama por nuestro retorno (שׁוּבָה, Shuvah).
El Texto de Textos nos revela en Marcos 7:23, Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”.
Oremos por el pueblo Judío.



