
Mi Kabbala – Elul 24, 5786 – Viernes 4 de septiembre del 2026
¿Milenio?
El Texto de Textos nos revela en Jeremías 31:31, “He aquí que vienen días, dice el Creador, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Creador”.
Nuestra renovación es integral: física, mental y espiritual; sin embargo, al sabernos eternos, este plano terrenal debe ser solo un espacio de transformación que debe llevarnos a nuevos niveles de perfección, lo que implica trabajar en esta dimensión física para que las impurezas del pecado no nos desconecten del Creador, permitiéndonos así ascender a esos escenarios que como el cielo nuevo nos ayudan a ser conscientes de todo lo que significa ese ocultamiento: velo o nube (עָנָן, Anan), que nos impide comprender la importancia que tiene este proceso terrenal para nuestro crecimiento integral.
Santidad (kedusha, קְדֻשָּׁה) que nos separa del pecado para buscar Su gloria. Proceso que le da a estos seis mil años de alejamiento la tarea de llevar nuestro templo al reencuentro con Él en pro de purificarnos voluntariamente. Fe que, además permite el despertar de conciencia de nuestra alma lo cual culminará con el juicio final y el milenio (אלף). Tiempo en el cual nos reencontraremos con la posibilidad de reinterpretar lo que ahora no percibimos como irreal, compenetrándonos por fin con Él a través de Su Palabra, de tal forma que los mandatos que hoy poco asimilamos sean realmente la luz que nos guíe.
Redención (גְּאֻלָּה, Geulá) que hoy poco valoramos debido a que nuestras programaciones mercantiles y costumbres ancestrales mentales, nos esclavizan a un modelo de vida que nos contamina. Quizá por ello, quienes nos hablan de ese milenio y del final apocalíptico expresan que los gentiles seremos arrebatados, visión que nos indica que tenemos un tiempo delimitado en este planeta para transformarnos, ser justos, guiándonos por un evangelio que nos incita a cambios profundos, para que nosotros y nuestros próximos nos alejemos de esa tendencia pecaminosa que ha impedido que entendamos la misericordia divina y nos alejemos cada vez mas de Él.
La era mesiánica (תְּקוּפָה מְשִׁיחִית, Tekufá Meshijit), que para algunos aún no ha empezado, nos llevará a que Él pueda percibirse en este plano en toda Su gloria y esplendor, sin importar nuestra fe o la falta de ella. Al ocuparnos en esta época posterior a los juicios en ser mejores creyentes, reconfirmamos que todo lo profetizado se ha cumplido, permitiendo retornar a nuestro estado original, ya que solo a Su lado podremos disfrutar plenamente de esta creación de la cual nos separamos como resultado de nuestra absurda desobediencia, la misma que nos mantiene esclavos del pecado.
La Fe es algo más que una creencia (אֱמוּנָה, Emuná) o el apegarnos a ritos religiosos que logran o no acercarnos realmente a ese modelo trascendente que nos incita a romper con esas visiones egoístas mundanas que nos distraen no solo de Su amor sino además de su gracia y misericordia, evitando que nos sepamos parte de un todo: eternos, presentes, viviendo aquí y ahora en pro de cambiar todos esos hábitos que no nos permiten evidenciar nuestra desobediencia y nos hacen desatender sus preceptos y mandatos.
El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 20:4, “entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra del Creador. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años.”
Oremos para que entendamos que Jesucristo es el Mesías.



