
Mi Kabbala – Elul 25, 5786 – Sábado 5 de septiembre del 2026
¿Jesucristo?
El Texto de Textos nos revela en Miqueas 5:2, “pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”.
Las palabras tienen el poder de consolidar nuestra realidad, lo que quiere decir que al pronunciar el nombre de nuestro Señor Jesucristo como creyentes, debemos estar teniendo la absoluta seguridad que fue Él quien nos salvó y redimió y por lo tanto, que es Él quien a través de nuestra fe nos permite retornar al lado de nuestra morada celestial, siendo ese grupo de signos lingüísticos unidos y su sonoridad algo mas que un canal de comunicación. Lo que implica que no debe expresarse en vano, evitando usar estas expresiones con fines distintos a la alabanza y adoración (shajá, שָׁחָה) permanente.
Algunos estudiosos le dan ese nombre un origen no solo Hebreo o Arameo: Yeshúa (ישוע) sino griego: Iesoús, expresión que llevada al latín: Iesus o Jesucristo y que, nos invita a comprender que Él es nuestro Salvador, que esta con nosotros permanentemente y que por lo tanto, es el mismo Creador que al humanarse como hijo o Mesías se hizo a nuestra imagen para redimirnos. Interpretación que le da a esa unión de estos dos conceptos: Jesús y salvador la analogía con Cristo y ungido, lo que implica incluso el atender el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento para verle en la Biblia desde Su totalidad.
Para quienes esa palabra traduce José como su padre o Josué quien ingresó al pueblo liberado de Egipto a la tierra prometida o Yoshua, es importante no olvidar que cada ser humano tiene parte de ese hijo y por ende gracias a nuestra Fe todos, lo debemos visionar como nuestro Señor y Salvador. Incluso para quienes le conocen gracias al mismo Espíritu Santo Él nos da el poder de aceptar Su verdad la cual implica que agradecemos y valoramos Su eterna presencia (פָּנִים, Paním).
Todo nos habla de Él, incluso quienes sospechan que los jeroglíficos egipcios de los que bebieron tanto José, líder de las doce tribus, como Moisés (visión logográfica), nos dicen que debido a las variables de estos simbolos, nacidos del tetragrámaton, estos nos incentivan no solo a promover Su palabra, la misma que percibimos en todos los Textos Sagrados, sino a visionar que en las dos tablas de los mandamientos se nos plasma la forma de honrarle (כִּבֵּד, kibéd) y alabarle.
Él como Mesías, descendiente de David y es el Ungido, un hombre con el Espíritu del mismo Creador, lo que denota que Él fue el medio para traer la Luz Superior a la oscuridad de este mundo, siendo la expansión de Su amor la que llena nuestros corazones para que con ese fluir y la diseminación de su conocimiento (דַּעַת, Daʿat), logremos la corrección de nuestras fallas y pecados logrando interactuar con ese fluir diario que requerimos para poder perseverarnos en estos caminos de la vida en los cuales Él se nos manifiesta.
El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 1:18, “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en el Creador, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en el Creador”.
Oremos para vivir bendiciendo, alabando, glorificando y agradeciendo al Creador.



