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Mi Kabbala – Elul 28, 5785 – Domingo 21 de septiembre del 2025

¿Rebaño?

El Texto de Textos nos revela en Habacuc 3:19, “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”.

La ciencia nos dice que por cada acción hay una reacción igual u opuesta, por ende, que por cada causa hay un efecto, lo que en el mundo físico en el que cohabitamos nos indica que en este corto intervalo de tiempo (זְמַן, zman) terrenal, entre la acción y su resultado se presentan toda una cadena de hechos que reconocemos como realidad, siendo el final de esa suma de imágenes lo que convertimos en experiencias, las mismas que regularmente afectan no solo nuestras visiones al respecto de la vida sino las de nuestros entornos, siendo necesario que evaluemos muy bien nuestras decisiones antes de actuar.

Como ovejas (כֶּבֶשׂ, kebesh) de Su rebaño debemos acogernos a Su guía, más no lo hacemos y con ello, entramos a esos espacios de caos en donde coexistimos alterando los efectos de la armonía universal, haciendo que las leyes nos llamen la atención y que por ende, por encima de nuestro desobediente ego tengamos que corregir, siendo nuestro buen pastor misericordioso quien con Su amor nos enseñe que lo que llamamos mal no es más que una interpretación sesgada de nuestro alterado deseo de recibir, expectativas que le dan a los eventos casuales una calificación con la que nos debemos es cualificar.

La ley de gravedad nos reitera la complejidad de nuestro apego, incluso la misma rotación de nuestro planeta nos indica que el ciclo de algo lo hace volver a la causa original, lo que nos lleva a comprender además que esos desagradables efectos de los que nos quejamos son solo el fruto de nuestras intenciones, deseos, palabras, emociones, interacciones, interrelaciones y omisiones egoístas, por ello al final, en la eternidad (Olam, עולם), nos encontraremos cara a cara con todos esos archivos de nuestra memoria que nos juzgaran o premiaran, razón de peso para actuar de forma fraternal y servicial enfocando nuestras intenciones en nuestra corrección permanente.

Como partes de este rebaño humano, Él nos reorienta, para que esas acciones tengan ese final, a su lado, en Su redil, siendo la oración la mejor forma de clamarle, para que así esas cuatro letras YHWH sobre las que se fundamenta nuestra realidad, se movilicen desde nuestras bocas y gracias a la Fe en Él, Sumo Sacerdote se nos posibilite el percibirle como nuestro Edonay o Adonai, entendamos que por estar escrita está en plural mayestático, Él es nuestro Señor de Señores, nuestro gran amor, nuestro HaShem (הַשֵּׁם).

Quienes no quieren llamarle por Padre o Abba sino por Elohim (אֱלֹהִים) palabra que aparece en el Antiguo Testamento especialmente en los salmos elohísticos y que es una especie de plural unido a un singular que significa “El Dios fuerte y poderoso”, lo pueden hacer, ya que todas esas denominaciones nos llaman a amarle denotándole que Él es nuestro Yo Soy, nuestro Guía, quien tiene la autoridad y a quien le entregamos nuestra voluntad y todo lo que somos, tenemos, hacemos logrando así que esas acciones egoístas nos vayan formando para coexistir armónicamente conforme a sus preceptos y mandatos.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 16:17, “esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. 18 Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.

Oremos para que siempre busquemos acercarnos a Él.

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