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Mi Kabbala – Elul 28, 5786 – Martes 8 de septiembre del 2026

¿Rebaño?

El Texto de Textos nos revela en Habacuc 3:19, “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”.

La ciencia nos dice que por cada acción hay una reacción, igual u opuesta, por ende, que por cada causa hay un efecto, lo que en el mundo físico en el que cohabitamos nos indica que en este corto intervalo de tiempo (זְמַן, zman) terrenal, entre la acción y su resultado se presentan toda una cadena de hechos que reconocemos como realidad, siendo el final de esa suma de imágenes lo que convertimos en experiencias, las mismas que regularmente afectan no solo nuestras visiones al respecto de la vida sino las de nuestros entornos, siendo necesario que evaluemos muy bien nuestras decisiones antes de actuar.

Como ovejas (כֶּבֶשׂ, kebesh) de Su rebaño debemos acogernos a Su guía, más no lo hacemos y con ello, entramos a esos escenarios de caos en donde coexistimos alterando los efectos de la armonía universal, haciendo que Sus leyes nos llamen la atención y que por ende, tengamos que corregir así nuestro ego no atienda. Por lo cual nuestro buen pastor misericordioso con Su amor nos enseña que lo que llamamos mal no es más que una interpretación sesgada de nuestro alterado deseo de recibir. Expectativas que le dan a los eventos casuales una calificación con la que realmente nos debemos es cualificar.

La ley de gravedad nos reitera en cada movimiento la complejidad de nuestro apego, incluso la misma rotación de nuestro planeta nos indica que el ciclo de algo lo hace volver a la causa original, lo que nos debería permitir comprender que esos desagradables efectos de los que nos quejamos son solo el fruto de nuestras intenciones, deseos, palabras, emociones, interacciones, interrelaciones y omisiones egoístas, por ello al final, en la eternidad (Olam, עולם), nos encontraremos cara a cara con todos esos archivos de nuestra memoria que nos juzgaran o premiaran, razón de peso para actuar de forma fraternal y servicial enfocando nuestras intenciones en nuestra corrección permanente.

Como partes de este rebaño humano, Él nos reorienta, para que esas acciones tengan ese final: a su lado, en Su redil, siendo la oración la mejor forma de clamarle, para que nos guie ya que las cuatro letras YHWH sobre las que se fundamenta nuestra realidad, se movilizaran desde nuestras bocas y gracias a la Fe en Él, Sumo Sacerdote, se nos posibilitará percibirle como nuestro Edonay o Adonai, o sea que estas al estar escritas plural mayestático, harán que Él como Señor de Señores, nos llene de amor.

Como HaShem (הַשֵּׁם), Padre, Abba o Elohim (אֱלֹהִים) Él, nos da todo, y es allí en donde los mismos salmos elohísticos nos reiteran desde ese plural unido a un singular que: “El Dios fuerte y poderoso”, nos dio la vida y puede hacerlo todo. Así que todas estas denominaciones simplemente nos llaman a amarle, denotándole que Él es nuestro Yo Soy, nuestro Guía, quien tiene la autoridad y a quien le entregamos nuestra voluntad y todo lo que somos, tenemos, hacemos; logrando así que esas acciones egoístas diarias nos vayan formando hasta coexistir armónicamente conforme a sus preceptos y mandatos.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 16:17, “esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. 18 Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.

Oremos para que siempre busquemos acercarnos a Él.

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