Mi Kabbala – Elul 29, 5785 – Lunes 22 de septiembre del 2025
¿Palabra?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Creador permanece para siempre”.
El Tetragramaton, según la literatura rabínica nos habla de HaShem como nombre Especial, usado para referirse a esas cuatro letras impronunciables: yud-hey-vav-hey: יהוה, que en la Biblia nos presentan al mismo Creador y que algunos traducen como Yahvé o Jehová, manifestaciones que como Adonai: אֲדֹנָי , Señor, Elohim o Dios, parten de esos signos que tan solo nos indicarnos la necesidad de acercarnos a ese Padre amoroso a través de nuestras palabras, para así alabarle, agradecerle: vivir.
Desde esas cuatro líneas o signos se formó todo lo que reconocemos, lo que significa que la combinación de estas también nos lleva a nuestra esencia, siendo el Yo Soy o Él que Es, o Aquel, la única forma de entender nuestra existencia, lo que quiere decir que nuestro lenguaje nos llama a Èl y por ello, cada signo, letra, palabra, idea o pensamiento que expresamos nos recrea no solo en su obra sino en su esencia, razón de peso para no seguir violentando nuestras expresiones, sabiendo que estas irradian incluso sus chispas de luz (נִיצוֹץ שֶׁל אוֹר, Nitzotz shel Or), recreándonos en aquello que nosotros mismos creamos.
Esos signos tienen el poder de Crear siendo las del tetragrama: Yod-He-Vav-He, las que activaron todo. Acto de fecundación, de acción, de descenso que dio lugar a nuestra formación y por ende permite nuestra transformación al consolidar con ellas nuestra realidad, en donde cada signo o letra da un principio, siendo Vav, por ejemplo, una conexión del cielo y la tierra, la conciencia del Yo, del aquí y ahora; Yod, como segunda Letra, es la fuerza, de allí procede la palabra Guf, cuerpo, que con sus sonidos vacíos expresan la conjunción y por su simbología de un gancho, representa también la facultad de invertir el tiempo, presente o futuro mostrándonos como idea una continua eternidad (נְצִחִיוּת, Netzachiyut).
La He,que se repite, participa de forma más activa en la revisión del universo y nos llama a tomar consciencia del enlace del Vav,entre el principio y el fin de todas las cosas, entre el cielo y la tierra, entre lo superior y lo inferior, llevándonos a ver la fuerza de la razón y de la dialéctica para que apacigüemos las emociones que tanto afectan nuestra naturaleza humana, lo que explica la misión de corrección de esta vida en donde ese cuerpo (guf, גוּף) es el receptor de la energía divina y el lenguaje, el transmisor de esa luz que todo posee.
Desde esas cuatro letras que constituyen las 22 originales hebreas y a la vez las de cada alfabeto por diferente que nos parezcan, se forjo nuestra realidad, que es una narración lingüística, lo cual significa que estas describen tanto la vida como nuestra esencia, siendo nosotros receptores de Su energía, la misma que nos llama a tomar conciencia para recrearnos armónicamente en lo creado, siendo esos transmisores lingüísticos lo que posibilita nuestra transformación e integración gracias a esas chispas de ideas que hacen que nuestra materia fragmentada también se articule e integre a todo lo creado (בְּרִיאָה, Beriyá) en pro de nuestro crecimiento integral.
El Texto de Textos nos revela en Juan 8:23, “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”. Oremos para que el nombre de nuestro Creador no sea invocado en vano.
Oremos para que el nombre de nuestro Creador no sea invocado en vano.



