
Mi Kabbala – Iyar 28, 5786 – Viernes 15 de mayo del 2026
¿Lugar?
El Texto de Textos nos revela en Joel 3:17, “y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Creador, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella”.
Hay lugares especiales, es cierto y muchos creyentes visionamos a Jerusalén (יְרוּשָׁלַיִם), no solo como una ciudad, sino como un espacio sagrado, ese que simboliza el centro de oración para un pueblo. Todo porque se cree que allí el mismo Creador tomó del polvo de esa tierra para darle vida a nuestra especie. También, que luego le otorgó este territorio a Abraham, por lo cual Jacob, visionó allí la escalera que ascendía al cielo. Lo que se interpreta como el escenario propicio para reencontrarnos con esa fuerza Superior del amor, la cual debe reinar en nuestros seres. Energía que es parte de la humanidad, quizá por ello, dicho entorno, es hoy un territorio de conflicto, disputa territorial que obvia las Sagradas Escrituras.
Jerusalén también simboliza nuestros territorios, esos sobre los cuales los humanos nos disputamos pequeños espacios para nuestro confort, obviando que cada porción de esta tierra ha sido entregada por el mismo Creador solo para nuestra mayordomía. Y aunque ese terruño en Asia, haya sido reservado para Su adoración, ello solo implica que esa alabanza debe reinar en nuestros corazones y gracias a esa visión tenemos que asumir el reto cotidiano de corregir nuestras acciones y alejarnos del pecado que nos limita y hace que algunos seres no entiendan lo que es nuestra trascendencia, la misma que nos llama a avanzar (מִתְהַלֵּךְ, mithalej), a entender que se trata de elevarnos hacia Él.
Quienes visitan esta ciudad comprenden además de estas, otras manifestaciones divinas, esas que nos indican que debemos crecer integralmente (רוּם, rum), alejándonos de un mundo egoísta que nos esclaviza, impidiendo que nos reencontremos con ese estadio espiritual que nos reconecta desde nuestro corazón con el Creador. Auto corrección, que nos permite liberarnos de esos tantos deseos egoístas, lo cual no ocurrirá repentinamente, por lo que la misma Jerusalén nos demuestra que desafortunadamente hemos construido un muro entre nosotros y el Creador fruto de nuestros egoísmos y deseos impuros.
Muro que rodea esa hermosa ciudad pero que los creyentes podemos entender como una protección, la cual nos propone adicionalmente que busquemos espacios en donde nos sintamos más cerca de su reino, tanto, que podemos hablarle al oído., probablemente por ello, cuando corregimos nuestro corazón, estamos acercándonos a esa Jerusalén, ese lugar que nos incita a tener buenos pensamientos, que nos invita a avanzar hacia la santidad, hasta que derribemos todos esos muros (שׁוּר, shur), que no nos permiten reconectarnos con nuestro amoroso Padre y su misericordia.
Daniel (דָּנִיֵּאל) nos pide reconstruir nuestra Jerusalén interior, transformando nuestros corazones y nuestro Templo físico para reconectarnos con el Espíritu gracias a la purificación de nuestros seres, tarea que aunque parece difícil, nos llama a aislarnos de todos esos deseos y tentaciones en donde nuestro ego nos presiona e impulsa, para que no sigamos construyendo muros, sino una escalera con el Creador, recibiendo de esa Jerusalén la inspiración y deseo hacia la espiritualidad, sanándonos así de nuestra ceguera, sordera y mudes, para finalmente salir así de la esclavitud de nuestros pecados.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:34, “No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono del Creador;35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén”.
Oremos para que la nueva Jerusalén reine en nuestros corazones.



