
Mi Kabbala – Jeshván 12, 5787 – Viernes 23 de octubre del 2026
¿Hermanos?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 16:11, “Además le dijo el ángel del Creador: he aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque el Creador ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará”.
La palabra hermano (aj, אח) que nace con Caín y Abel, nos da la idea desde aquel entonces que, somos parte de Su esencia, sin embargo, al matar a Abel el pecado y sus consecuencias, se enraizó en nuestras realidades terrenales como la opción final. Sin embargo Su llamado es a ver el presente como una constante oportunidad de corregir los efectos de nuestras intenciones y decisiones. Esas que al no alinearse con la voluntad divina, como descendientes de Caín nos llenan de desgracias, irradiando sentimientos adversos y resentimientos en nuestros entornos de vida.
La historia de la humanidad se ha perpetuado irradiando los efectos de un pecado que desde Adam (אדמה) contradictoriamente nos invita a la obediencia y a buscar del Creador reconociéndole como nuestro hacedor y guía. Y aunque fruto de esa fuerza caótica vivimos confundidos en nuestras expresiones alucinantes cargadas de egoísmos, lo cierto es que somos coherederos de esta Su obra. Seres llamados a amarnos: hijos que, se reconocen como parte de un todo y que, aunque han dejado de percibirse como fragmentos que se complementan, van tomando conciencia de la necesidad de vernos por fe desde esa nuestra esencia original, la misma que se manifiesta como promesa.
Nuestros padres consanguíneos (דַּם, dam) y primigenios, también nos legaron ese fundamento en nuestro ADN. Y aunque el pecado mora en nuestros cuerpos esclavizándonos a la oscuridad de nuestras ilusiones, ni el asesinato, ni la muerte son nuestro destino. Por el contrario, Él mismo, al humanarse, nos trazó ese camino de retorno, por ende, aunque a menudo preferimos multiplicar dolores y prolongar sufrimientos, con el transcurrir de nuestras vidas, vamos viéndonos como hermanos que retornarán al Edén, espacio de alivio de nuestras angustias al reunirnos con Él.
Ismael (ישמעאל) y luego Isaac (יצחק), nos llaman a reconciliarnos a través de los diarios procesos en donde las divisiones de clanes, razas, fronteras y creencias, no podrán separarnos, ya que estas solo ratifican que no coexistimos en dimensiones espirituales opuestas, sino que son solo nuestras engañosas percepciones. Quizá por ello hay quienes hablan de cuatro tipos diferentes de luz, intentando hacer una analogía con las cuatro estaciones o fases lunares; ciclos naturales que, nos revelan la búsqueda de aportarnos, de complementarnos gracias a nuestras diferencias y deficiencias.
Los creyentes debemos entender, al releer los textos bíblicos que en la segunda venida de nuestro hermano mayor: nuestro Señor Jesucristo, ya no llegará montado en un pollino, como símbolo de dominio sobre todo pueblo y especie, especialmente sobre los hijos de Ismael, sino como el único Rey. Y aunque algunos tampoco lo aceptarán como deidad, fruto de su desconocimiento e ignorancia, es por que ellos seguirán viéndolos reflejos de sus oscuridades mentales, ser que no es extraño (מְשֻׁנֶּה, meshune) a nuestras búsquedas.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 21:1, “cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará”.
Oremos para que en vez de restarnos o dividirnos prefiramos sumarnos.



