Back

Mi Kabbala – Jeshván 17, 5786 – Sábado 8 de noviembre del 2025

¿Estar?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.

Antes de que nuestro Señor Jesucristo naciera, su padre: José, fue visitado por un ángel que le profetizó al respecto, pese a que María, aún virgen, no era más que su prometida, revelación que ella daría a luz un hijo sin su intervención, un ser que crecería como el Mesías, a quien llamarían Jesucristo (Yeshua, יֵשׁוּעַ) Salvador, acorde a lo dicho por Isaías, quien siete siglos antes predijo que ello y su nombre (Imanu-El, עִמָּנוּ אֵל) “El Creador con nosotros”, recordándonos que el nombre de nuestro Creador es innombrable y que solo podemos acercarnos a Él a través de nuestro Redentor.

Emanuel, como expresión sacrosanta, reúne las cualidades de sagrado y santo, las cuales nuestro Señor Jesucristo llevó consigo toda su vida. Sin embargo, nunca se las reveló a nadie, pues tenía claro que las autoridades judías no toleraban a aquellos que afirmaran ser el Mesías y menos aún que se refirieran a sí mismos como el Cristo (משיח, Māšîaḥ), “ungido”. Por esta razón, solo en ocasiones muy selectas proyecto quién era, literalmente: el Creador humanado, quien estaba entre nosotros para perdonarnos y mostrarnos el camino de retorno; “blasfemia” para algunos que provocó en los fariseos su crucifixión pero para los creyentes, la eterna redención.

Al estar con nosotros, no solo se manifestó como Salvador cumpliendo con las profecías y con lo expresado hasta en los Salmos, sino que trajo su bendición redentora a nosotros: su Iglesia. Por ello, la palabra Selah (סֶלָה‎) amén, que aparece a lo largo de la Biblia más de 70 veces, reiterándonos, a través de ese aleluya, que así es y será y que todo es gracias a su santidad; quizá por ello el término Selah aparece regularmente al final de un párrafo o de los versículos, mostrándonos desde su raíz, SLL (סלל) “levantar”, que, así como los levitas, debemos levantar nuestras voces y almas para honrarle.

Isaías (Ysa’yahu, ישעיה) “Él salva”, nos recuerda además a través de sus profecías, que Él está con nosotros en cada instante a través de su Santo Espíritu y que se humanó para rescatarnos, para salvarnos. Desafortunadamente, nosotros comprendemos poco lo que ello significa y simplemente lo despreciamos, tanto que que no le agradecemos a cada instante por tan maravilloso regalo, olvidando que al alabarle constantemente, como deberíamos hacer, nos acercamos a Él. Incluso los Salmos nos reconfirman que debemos servirle para reorientar nuestros caminos y enfocarnos más en Él.

Él está con nosotros, vino a salvarnos y a bendecirnos pero es necesario que elevemos nuestro ser, nuestra alma y nuestras voces para alabarle y agradecerle, asumiendo así, por fe, el valor de ese acto que se tradujo en nuestra salvación al dejarse crucificar, forma en que Él pagó por nuestros pecados, lo cual nos lleva a que voluntariamente, creamos en Él para retornar al Edén que desde el principio Él mismo creó para nosotros y es que al verlo como Emanuel, asumimos que está siempre con nosotros, que está aquí y ahora, y que gracias a Él, hemos retornado a la vida eterna (עוֹלָם, olam)

El Texto de Textos nos revela en Mateo 1:22, “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: HE AQUI, LA VIRGEN CONCEBIRA Y DARA A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRAN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS.”

Oremos para que el se manifiesta a diario en nosotros.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *