
Mi Kabbala – Jeshván 6, 5787 – Sabado 17 de octubre del 2026
¿Conocimientos?
El Texto de Textos nos revela en Job 42:2, “¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía”.
Nuestros conocimientos (dáat, דַּעַת) beben de la sabiduría divina (Jojmá, חָכְמָה) la cual sustenta nuestra inteligencia. Entendimiento que se ilumina con las chispas de luz de Su palabra. Información que es interpretada sesgadamente mediante nuestros finitos lenguajes que, además nos alejan de esa sapiencia divina, distrayéndonos con dialectos confusos que solo nos llenan de especulaciones lejanas a los senderos de las diez Sefirot, los cuales nos proyectan el cómo integrarnos a Él comunicándonos a través de esta Su obra: amor que como vinculo debe guiar todos esos desconocimientos.
Iluminarnos con Su palabra es dejar la ceguera espiritual que nos distorsiona con señales artificiales que desconocen esa sabiduría (jojmá), la misma que a través de cada letra con su semiótica nos aorta nuevos significantes en pro de guiarnos y vivir según Sus preceptos. Virtudes que reorientan nuestras coexistencias y que le otorgan a nuestras desinformaciones mundanas nuevos significados, en pro que seamos útiles a Sus propósitos. Creación armónica en donde debemos hacer lo correcto (נכון, najón): acogiéndonos a Su voluntad, que es buena, agradable y coherente con Su plan.
Se trata de vislumbrar desde nuestras intenciones convertidas en deseos, lo que deben ser nuestras decisiones, esas que requieren un proceso constante de reflexión en donde aprendamos a discernir entre el bien y el mal, actuando con responsabilidad y midiendo los efectos de nuestras acciones. Proceso para el cual contamos con unos dones (biná, תְבוּנָה), que nos invitan a evaluar (B.I.N), a distinguir entre lo que es sano y coherente para nuestro crecimiento integral y lo que no, eligiendo siempre el bienestar general, evitando así el perjudicar a los demás al emplear sabiamente esas capacidades otorgadas por nuestro amoroso Padre Celestial para que disfrutemos de lo creado.
Preferimos en cambio disgustarnos y por ello, seres como Bezalel (protegido del Creador), nos enseñan, el cómo construir nuestro tabernáculo. Cuerpo que nos reitera que toda labor que hacemos es trascendental, por pequeña que parezca. Quizá por ello ese nombre procede de la palabra Beth (בית אל): casa del Creador. Como una forma de mostrarnos que al no ser útiles a esta Su obra con nuestros dones, permanecemos irresponsablemente alejados de Él; expulsados. Siendo necesario aportar más tras esos propósitos divinos que dan sentido a nuestra coexistencia y al mismo tiempo, nos permiten comprender mejor los efectos de nuestro libertinaje y cómo este interrumpe el fluir de esa armonía divina.
Todo lo que existe depende de Él y por ende, está dentro de Su plan; es decir, todo tiene un para qué. Lo cual significa que todas las cosas son buenas, aunque no siempre percibamos su propósito, dentro de un mundo plagado de desconocimientos, que nos impiden ver que todo está vinculado estrechamente con Su fluir, el cual interrumpimos al seguir siendo esclavos del pecado, desobedeciéndole. Lo que nos hace vivir en medio del desorden de nuestra ignorancia, reproduciendo un caos que solo reina en nuestras mentes y que nos exige un proceso de aprendizaje terrenal (Lelamed, ללמד) renovador.
El Texto de Textos nos revela en Filipenses 2:13, “porque el Creador es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
Oremos para cuestionarnos menos y agradecer más.



