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Mi Kabbala – Nisán 20, 5785 – Viernes 18 de abril del 2025

¿Pertenencia?

El Texto de Textos nos revela en Ezequías 13:18, “y di: Así ha dicho Jehová el Señor: !!Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida?”

La etimología de la palabra rey (Melej, מלך) nos invita a visionar una línea, la cual para el caso de los creyentes no puede ser otra que aquella de la vida trazada por nuestro salvador y que proyecta unos mandatos y preceptos en pro de: corregir, arreglar, ver lo correcto,  y movernos hacia Él, pasos que vamos dando gracias a la guía de su Palabra, la misma que ilumina nuestro entendimiento y con él esos senderos para el retorno a Su reino, de allí que al corregir, vamos derecho, rectos, dirigidos hacia, regulando, siguiendo reglas, en fin, alineados a una perspectiva en donde debemos volver a nuestro estado original.

Confusión (תַּהֲפוּכָה, tahafuja) histórica que nos ha llevado a buscar todo tipo de reinos y de reyes, producto de una desorientación generada por el pecado, el cual nos lleva a apegarnos de un mundo que nos separa de dichos lineamientos celestiales, por lo que nuestros fragmentos espirituales se pierden, visionando incluso algunos de ellos como estrellas o deidades producto de un ego que nos mantiene perdidos, sumidos en errores, llenos de deseos alucinantes, siendo necesario que sea Él mismo quien nos reoriente denotándonos que ese reino que nos espera poco tiene que ver con este mundo.

Nuestras propias expresiones no solo han ido alejándose de la luz de Su palabra, consolidando conceptualizaciones agrestes, sino que han desorientado nuestros pensamientos y acciones sumiéndonos en entornos de conflicto y violencia, tanto que cuando escuchamos hablar de reyes (melej) visionamos personajes que abusan de esa autoridad, suponiéndose enviados del mismo Creador, cuando son tan solo seres de carne y hueso que desconociendo sus mandatos (mitzvá, מצוה) hacen sus propias leyes e imponen sus egoísmos como modelo de reinado.

Al estudiar la letra mem (מ) sus chispas de luz nos reiteran que solo Él reina y que Su Espíritu nos guía pero nosotros preferimos desconocer Su majestad y enseñanzas, quizá por ello el mismo árbol sefirótico nos lleva desde la parte superior de keter (כתר) cuya inicial es la kaf (corona) y la inferior, malkut (reino) a vislumbrar que el único Rey y Mesías es nuestro Señor Jesucristo, Creador humanado, que debe ser quien reine en nuestros seres para que nuestras búsquedas cotidianas nos lleven a ascender por esa escalera hacia el cielo, dando mientras tanto lo mejor de nosotros en esta tierra.

Saul (שאול, Šawl) personifica ese error humano de desplazar al único Rey, ser que tiene la capacidad de guiarnos, de lo contrario los abusos de autoridad solo nos llevaran a ser humillados y maltratados, exigiendo un servicio que desdibuja la verdadera imagen de ese Rey, que por el contrario quiere quitarnos esas cadenas ilusorias que nos esclavizan y nos asfixian con tributos y cientos de tareas incoherentes, que nos obligan a aceptar los deseos egocéntricos mundanos de otros, aún por bajos que nos parezcan estos, cuando los verdaderos designios de nuestro único Rey es tratarnos como hermanos, amigos, hijos y ovejas de su redil y guiarnos por el camino correcto.

El Texto de Textos nos revela en Juan 19:17, “Y Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS”.

Oremos para que nuestro único Rey sea nuestro Señor Jesús.

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