
Mi Kabbala – Shevat 12, 5786 – Viernes 30 de enero del 2026.
¿Sembramos?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 65:22, “no edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque como los días de un árbol, así serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos”.
No es un secreto que los árboles nos producen algo más que oxígeno, que estos purifican el aire, que además forman suelos fértiles, que también evitan la erosión e incluso que mantienen los ríos limpios al captar agua para los acuíferos, sirviendo entre otras cosas de refugio para la fauna; virtudes, que se suman a reducir la temperatura a su alrededor, propiciando el establecimiento de otras especies y la regeneración de nutrientes en la tierra, así para algunos solo mejoren el paisaje o den sombra, pero además cada árbol como símbolo de vida (Binà, בִּינָה, inteligencia) nos enseñan el volver a nuestra raíz, a nuestro Creador; a rectificarnos (teshuvà, תשובה) corrigiendo nuestros errores.
La tarea de buscar ese deseo unificador como nuestro mayor anhelo nos debe llevar a transformarnos para que todo vuelva a Su raíz, desde esa perspectiva culturas como la Judía nos invitan a entender el día de la bendición de la fruta (B´shvat, ט”ו בשבט) como una fecha para sembrar árboles en representación de nuestros mejores deseos, agradeciendo así a Él por todo lo que nos da, razón de peso para que esta sea una de las siete grandes festividades para conmemorar, la misma que al igual que el Sucot nos habla que aunque estamos en la gravedad del suelo, nos debemos al cielo, por ello, nuestra semilla debe germinar y dar frutos aportando de lo mejor nosotros a este mundo.
En tiempos en donde cada vez parece que apreciamos menos la naturaleza, qué maravilloso que como humanidad aprendamos a celebrar la vida, honrando nuestras interacciones con el todo, aprendiendo de los árboles y de la naturaleza la importancia de nutrimos de nuestras profundas raíces, las cuales nos remontan además las vivencias de esos nuestros patriarcas y apego a Su Palabra, para que esas ramas del Árbol de la Vida sean las que con sus semillas nos eleven gracias a nuestras oraciones (Shajarit, שַחֲרִית) las mismas que retroalimentan de esos sus frutos.
Frutos (פרי) que debemos entender como producto de Su Palabra, la cual nos guía en pro que reproduzcamos esas semillas en nuestros entornos, lo que quiere decir que todo ello se debe manifestar a través de nuestras buenas acciones. Y es que todo nos enseña si así nos lo permitimos entender, por lo que debemos sembrar de lo mejor de nosotros, sirviendo, siendo útiles, fraternizando, cuidando todo lo que nos rodea como buenos mayordomos, plantando en esos entornos esa Su Palabra, enseñándosela por ende a las nuevas generaciones para que estas se ocupen no solo de la preservación de todos nuestros ambientales sino de cultivar en sus seres interiores, Su amor.
Seguir mal usando nuestros dones e inteligencia es lo que hace que nuestras costumbres nos confundan, obviando incluso ese árbol (Etz, עצ) que en navidad con sus luces nos habla también de Él, árbol de la Vida, que simboliza la llegada del Mesías a nuestros hogares, Luz, que más que decorar nuestras salas con sus confusos ritos debe denotarnos que esa Su esencia nos habla que somos sus hijos y como tales debemos comportarnos.
El Texto de Textos nos revela en Lucas 23:31, “porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?”
Oremos para que a diario sembremos vida con nuestras palabras.



